Encuentros con Amedeo

De camino al apartamento que alquilamos en París con F., pasamos frente a la que había sido la segunda mejor panadería de toda Francia en 2014. «Mañana vengo aquí a comprar el pan para el desayuno», le dije. Era una caminata de apenas 10 minutos. Ahí estaba a la mañana siguiente: el olor del pan fresco era una delicia, estaba frente a un festín sin duda. Compré tres croissants y una baguette. Al salir me encontré con un hombre joven, alrededor de 28 años, vestido como si estuviera a principios del siglo XX, justo después de la Primera Guerra. Eran apenas las nueve de la mañana y él parecía que ya estaba bebido o iba camino a su casa después de una larga fiesta. Sacó de su maletín un pequeño cuadro para vendérmelo por 20 euros, «una ganga». Era una reproducción del Retrato de una joven con sombrero, de Modigliani.

Entendí que estaba jugando a representar al joven pintor y le comenté en esa línea: «Jeanne es una musa maravillosa, gran cuadro». «¡Ah, veo que me reconoció! ¿Nos conocemos de algún bar en el barrio?». El apartamento estaba en el corazón de Montmartre y apenas podía imaginarme cómo serían estos encuentros de frecuentes en ese tiempo. Le respondí que estaba de paso, que no había tenido la fortuna de conocerlo y que mi Jeanne me estaba esperando para desayunar. «A mí ella, la original, y nuestra recién nacida Jeanne, una bebé preciosa, ¿le gustaría conocerlas?». Le respondí que quizás en otra ocasión. Él miró mi bolsa con los croissants y me dijo: «Me ha caído usted bien: le cambio este cuadro por los croissants». Prácticamente me estaba regalando el cuadro, así fuera una fotocopia. Acepté por el simple placer de llegar con el pan fresco acompañado por un Modigliani y decirle a F.: «Recién se lo acabo de comprar a él en persona». (Sigue leyendo »»)

Matrix, origins: An instagrammable life

Siguiendo una reflexión budista, aquella que dice que lo que nos sorprende del mundo exterior nos sirve para hacer un puente con nuestro interior, empecé la serie El arte del selfie como el arte de reflejarse en la imagen, en franco contraste con el culto narcisista de la autoimagen. La serie tuvo un origen anterior: el deseo de retratar a las personas antes, durante y después de un selfie, captar ese momento en el que le decimos a la cámara cómo somos de cool y felices, como estas protagonistas anónimas cerca del Castillo de Praga:

Selfie grupal en Praga

Pero leí una noticia este fin de semana que le dio un giro radical a mi percepción. Decía que los millennials buscan sus destinos turísticos según qué tan instagrameables sean, si se verán bien de fondo en una foto para su cuenta en Instagram. Aquel placer del paseante, del flâneur que se perdía por una ciudad para conocerla, es taaaan decimonónico para estos jóvenes: ese placer ya no existe, o sí, en la medida en que se encuentre un cuadro que aguante Instagram, que amerite ser instagrameado. Lentamente se empieza a vivir para la Red, para la realidad virtual. El sueño sería caminar con los lentes de realidad aumentada y ver los bellos momentos que otros han vivido por los lugares que está recorriendo, por ejemplo, y contribuir en tiempo real con las imágenes propias. ¿Quién querría quitarse esos lentes?

Imaginé también que los autos sin conductor proyectarán en sus ventanas viajes virtuales para ir a la oficina: ¿por qué limitarse a ver la tediosa avenida que se recorre para ir al trabajo cuando se puede simular un viaje de aventura por el Gran Cañón para cambiarlo al día siguiente por un recorrido por la Plaza de la Concordia en París y así sucesivamente? Creo que ya hay un ascensor en Nueva York que hace algo parecido: anima con diversos timelines su recorrido, mucho mejor que ver un muro gris.

Lentamente se empieza a vivir más en la realidad virtual, legiones de vidas ansiosas por conectarse a sus redes sociales para ver qué está pasando, la vida en función de qué se va a decir o mostrar en la Red.

La resistencia parece estar en manos de todos aquellos que no pueden pagar para entrar en ese mundo, los millones de pobres que no tienen acceso a los dispositivos virtualizadores. Ya no se necesitarán las pastillas roja y azul: bastará con tener el coraje de desconectarse (o no), de forjarse una vida que aguante la realidad.

Libro de viajes

Anoche soñé que visitaba a Borges por casualidad. Me encontraba en Buenos Aires con mi amigo Yasushi Yoshida: “Acompáñame a entregar este trabajo, no tomará más de media hora y después seguimos a la inauguración de la exhibición en la galería de Torres”. Yasushi llevaba varios meses ilustrando un libro de viajes por todo el mundo. Con su portafolio negro gigante en la mano pensé que iba a presentar la entrega final. “La cliente es María Kodama, es muy amable pero un pelín desconfiada”, me dijo mientras timbraba. Me dejó con los ojos abiertos, pues esto significaba que con suerte me encontraría con Borges. “Sí, casi siempre está él”, dijo Yasushi como leyéndome el pensamiento. “Pero no te quedes ahí paralizado, sube y me acompañas o no podrás saludarlo”.

Kodama nos estaba esperando en la puerta. Yasushi nos presentó y luego siguieron al estudio. Ella me dijo: “Pasá a saludar a Borges que está solo en la sala”. Me llamó la atención el verbo en argentino y fui a la sala. Ahí estaba él.

—Maestro —lo saludé.

—¿Cuál maestro está en la sala? —preguntó como respuesta. Me hizo reír.

—Solo usted.

—Ese acento, ¿es usted colombiano?

—Como Javier Otálora, solo que de Bogotá—. A pesar del guiño sabía que no caería en la vanidad de preguntarme que si había leído sus libros. Ya estaba dicho. Pasé a cumplir con el rito de sus visitantes:

—¿Puedo leerle algo?

—Y bueno, justo ahora estaba pensando en Coleridge. (Sigue leyendo »»)

Utopian Sniper (3)

Ha vuelto a despertarme la pesadilla de que soy un francotirador. No me recupero de esa escena de American Sniper en la que Kyle asesina al francotirador de la resistencia iraquí a 1.920 metros de distancia. Una belleza de disparo. Esto es lo que me despierta, el horror de ver lo bello en la precisión del francotirador al disparar a otra persona.

Mi inconsciente me trajo a la memoria a Wile E. Coyote y la felicidad cada vez que llegaba un paquete de los laboratorios Acme. Creo que gracias a él aún mantengo intacta la felicidad cuando me dan un regalo o llega algún paquete de una compra en línea. Wile E. Coyote fue la preparación para la ceremonia de graduación con De Quincey y su Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Probablemente De Quincey compartiría que el disparo de Kyle entra en la clasificación.

Cuando Stockhausen propuso que los ataques del 11 de septiembre entraran también el mundo se le fue encima. Tuvo que repetir, de manera resumida, la introducción de De Quincey a su libro. Como director de orquesta, Stockhausen sabía de qué hablaba al ver ese crimen orquestado con cuatro aviones y esos dos grandes estruendos inolvidables al ojo y corazón humanos; casi igual que con el atentado de Atocha, cuando gracias a la impuntualidad, al error en el tiempo (whiplash!), Madrid se salvó de una desgracia aún mayor.

Stockhausen ya no vivió para alabar la desaparición del avión malayo. En la música de Arvo Pärt el silencio es fundamental, la raíz de la cual nace y a la cual vuelve. El avión malayo entra en los anales del asesinato considerado como una de las bellas artes como un gigante alado que desaparece sin dejar el más mínimo ruido, la más mínima huella, silencio total.

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Encuentros con los vampiros. A faction horror story. (1)

La noticia de que el presidente español Mariano Rajoy va a lograr que se suprima el visado para el espacio Schengen de colombianos y peruanos me ha mantenido cavilando desde entonces. ¿Por qué lidera esta iniciativa el Partido Popular español tan crítico con los inmigrantes y que fustigó al PSOE cuando implementó la ley para regular inmigrantes sin papeles?

Seguí el sabio consejo de consultar esta pregunta con la almohada y esta mañana me despertó la historia de terror que voy a contar.

1. Vampiros chatarra

Los vampiros han vivido su momento de mcdonalización o chatarrización con series como True Blood. Diría que ni siquiera Only Lovers Left Alive se escapa de este fenómeno. Con esta banalización se pierde la noción del vampiro: “una criatura que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos (usualmente bajo la forma de sangre) para así mantenerse activo”.   Vivimos rodeados de vampiros. Hombres o mujeres mayores que buscan relacionarse con jóvenes para alimentarse con su esencia vital. Mi pesadilla me mostró a Rajoy como uno de ellos.

Música, maestro:

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