Paradojas utópicas

Estábamos un grupo de amigos en Aquitania, listos preparando una caminata por la laguna de Tota. Nos dijeron que esa noche habría fiesta en el pueblo. Se presentaba una estrella naciente, el joven Pipe Bueno. No tocó nada especial, pero sí recuerdo dos cosas en particular: la primera, que entre canción y canción alentaba al público a tomar aguardiente para mejorar el ambiente; la segunda, el guitarrista de su banda, un personaje excéntrico de quien me fascinaría hacer un documental. Alcancé incluso a visualizar el comienzo con ecos del Ulises, el hombre frente al espejo después de una noche de farra y listo para afeitarse y darle mantenimiento a sus prominentes patillas.

Anoche en Bogotá se dio una paradoja utópica increíble. Las Farc resemantizadas (ahora Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) se presentaba como nuevo partido político, con una estrategia común y corriente: agüita para mi gente y música para mi pueblo. Yo habría ido solo por el placer de escuchar a la Aragón y de ver qué estribillos utilizarían a lo Pipe Bueno, qué arengas lanzaban para mejorar el ambiente. Pero como ya lo venía haciendo desde Tlaxcala, la nueva Farc recurrió a su discurso compuesto de retales para pedir lo que, en efecto, desearía cualquier ciudadano del común colombiano: llevar a la corrupción a sus justas proporciones (como lo pidió alguna vez Turbay Ayala), una democracia plena donde todos los colombianos tengan las mismas oportunidades, y los mínimos de vivienda, salud y educación (si no dijeron esto último fue que se les olvidó). Para esto no hay que recurrir a la violencia armada ni vivir enterrado en la selva. ¿Cómo lo piensa hacer? Esa es la gran pregunta que queda después de la resaca del concierto.

A dos cuadras, en el Teatro Colón, se presentaba anoche también el pianista polaco Leszek Możdżer, todo un innovador de la música contemporánea. Un músico que con la promoción adecuada podría llenar la Plaza de Bolívar y traer sus nuevas sonoridades a la gente del común. Ahí estaba la oportunidad de dar unos pasos adicionales en el camino a Utópica, a abrirse y descubrir un horizonte nuevo, a vivir la auténtica revolución afectiva, pero no, la nueva fuerza revolucionaria del país siguió la misma dinámica de sus opositores para seguir dándole cuerda al mismo engranaje. Senderos que se bifurcan y que nos dicen que el camino a Utópica es, sobre todo, cuestión de oído.

Disfrutemos:

Możdżer Danielsson Fresco – Incognitor, Gdańsk 2005