I.
Cumplimos 41 años del holocausto del Palacio de Justicia, la toma y retoma sangrienta que dejaron un trauma prolongado en la historia de Colombia y que sigue en muchos aspectos sin curar o cerrar.
Estaba en el colegio. Los profesores hacían su mejor esfuerzo por distraernos de los acontecimientos, pero todos teníamos en mente las imágenes de los noticieros. Los Cascabel disparando a la fachada del Palacio y entrando después por la puerta principal; los soldados saltando desde los helicópteros, uno de ellos se apresuró y todos sentimos dolor por el tobillo torcido. Y dentro de todos esos recuerdos sobresale la frase que más nos marcó a muchos del entonces teniente coronel Plazas Vega: «Aquí defendiendo la democracia, maestro».
En Retrato del artista adolescente, un momento clave es cuando Stephen se da cuenta de que la palabra patria significa algo diferente para él y para su padre. Creo que muchos sentimos lo mismo cuando él dijo democracia. ¿Qué está defendiendo exactamente usted, señor teniente coronel?
Es una pregunta de muy largo alcance. Tanto que no haberla respondido de manera adecuada da lugar a las escenas rocambolescas (por decirlo de alguna manera) del “presidente” de Colombia De la Espriella participando en un simulacro de ataque o evacuación. ¿Es su idea de devolver la paz y la seguridad a los colombianos? ¿Un civil inexperto corriendo en un laberinto y disparando a todo lo que se mueva? Parece que comparte la idea de que la democracia se defiende con armas.
Al final Plazas Vega se mostró orgulloso porque había recuperado el Palacio de Justicia. Con 11 magistrados asesinados, incluyendo al presidente de la Corte Suprema de Justicia. Quizás por vivir en una estructura rígida donde su jefe es el presidente del ejecutivo, olvida que los presidentes del Congreso y la Corte Suprema tienen el mismo rango. La defensa de las instituciones pasa por proteger a los representantes de esas otras ramas del poder. ¿Cómo no se detuvo ante el hecho de que ni más ni menos el presidente de la Corte Suprema y los miembros de esta eran rehenes? ¿Qué idea de democracia prevalece por encima de las vidas humanas de los representantes del poder? ¿De qué sirve un Palacio de Justicia calcinado? Las ruinas en que lo dejaron nos recuerdan el Palacio de Injusticia.
II.
Como cronista utópico surge la pregunta: ¿el Ejército contempló en algún momento la opción de la negociación? Hubo demandas de varios sectores por detener la locura y empezar a negociar, empezando por el ministro de Justicia, pasando por los representantes de la Cruz Roja y terminando con el punto medio de Belisario: la rendición del M19 y la garantía de que se les respetaría la vida. Punto medio porque para el Ejército en ese momento no había otro camino que la aniquilación y para el M19 la negociación de los rehenes.
Pero, ¿qué hubiera pasado si el Ejército se abstiene de retomarse el Palacio y se empieza la negociación? Todavía escucho de mucha gente que el Ejército hizo lo correcto, que en efecto defendió las instituciones del Estado y para eso es que está. Pero muchos otros también piensan o pensamos que cuando se tienen tantos rehenes entrar a retomar un edificio a sangre y fuego es absurdo e irresponsable.
En otra entrada, Historia de una desilusión, contaba cómo al coronel Velásquez le preguntaban en un entrenamiento con soldados de otros países por las imágenes de la retoma. Se las mostraban en Youtube y le preguntaban: «¿En serio? Explíqueme esto», mientras otros colegas decían con sorna «¿A quién se le ocurrió ese rescate?». Esas reacciones muestran que la retoma también suscitaba críticas entre militares; no bastan para hablar por todos ellos. Para mí, refuerzan el juicio de que fue una brutalidad y devuelven la pregunta: ¿así es como se defiende la democracia, maestro?
Pero también vale la pregunta para Almarales: supongamos que logran el juicio mediático del presidente Betancur. Imaginemos toda la parafernalia de una corte en pleno juicio del poder ejecutivo. De repente, el presidente Reyes Echandía decide pedir una pausa para ir al baño: ¿tendría que hacerlo escoltado por un guerrillero armado a sus espaldas? ¿Qué juicio imparcial podría ser ese?
El M19 tenía razón en que el Ejército no estaba cumpliendo con los acuerdos de paz. Pero no tenía ni idea de que cuando Belisario llegó al poder los generales se consideraban un cuarto poder, llamado incluso a tomarse el Estado si los civiles eran desbordados por fuerzas comunistas o subversivas. Belisario no pudo ponerlos en orden, pero al parecer el M19 desconocía esta lucha interna entre el ejecutivo y las FFAA.
Queda entonces una gran caja negra de recuerdos por abrir: la de las FFAA, qué sucedía en su interior para haber llegado a la conclusión de que no había otra forma de retomar el Palacio. En un momento de debilidad, Plazas Vega termina una entrevista diciendo que quizás fallaron los servicios de inteligencia para haber prevenido la toma en primera instancia. Si lo dijo de buena fe queda como una triste marioneta; si era por evadir responsabilidad, fue un primer paso en reconocer que no había sido el mejor camino.
Queda mucho por saber, conocer, cerrar y sanar. Mientras tanto, ese país que sigue pensando que la democracia se defiende con retomas seguirá pidiendo más sangre y bolsas blancas.