Matches

Hay un hilo narrativo entre Stealing Beauty, de Bertolucci, Poetry, de Chang-dong Lee, y Paterson, de Jim Jarmusch: la búsqueda activa de la poesía. Y lo mejor: que todos la encontraron. Esa es la felicidad profunda de ver estas tres películas. Lucy comparte sus poemas mientras viaja, Mija mientras resuelve el crimen cometido por su nieto, Paterson mientras disfruta su vida cotidiana. He leído algunas entrevistas a Jarmusch en las cuales no he encontrado ninguna mención a Poetry, a pesar de que hay varios elementos en común, varios matches como con los que juega a lo largo de su película. La inspiración en el río, el viaje en el bus (o el tren de Lucy), el momento de inspiración que se desprende luego de la experiencia vivida y que se transforma en poema. Jarmusch lleva la historia de Poetry varios pasos más allá: nos habla del valor de la rutina para el trabajo creativo, de la necesidad de aislarse de los comentarios y la crítica para concentrarse en la experiencia poética, la sencillez tecnológica que requiere ese proceso (apenas lápiz y papel) y la necesidad de conservarla así para lograr un ambiente sin ruido.

Paterson se levanta todas las mañanas entre las 6.10 y las 6.30 de la mañana sin necesidad de una alarma, simplemente confiando en su reloj biológico. Los momentos que dedica a la escritura física son más bien pocos pero celosamente guardados. Opuesto a este orden creativo se encuentra el caos de la vida cotidiana, las charlas y los regalos inesperados que hace la vida. Ya es mucho lograr cierto método en medio de ese caos; ahí está la clave del alquimista.

Largos silencios

Una vez le comenté a un colega holandés que mi mamá resentía que no la llamaba muy seguido. “¿Cada cuánto?”, me preguntó. “Una vez al mes por lo menos”, le respondí. “¿Tanto? Yo hablo con la mía una vez al año”. Para una cultura matriarcal como la latina esta frecuencia anual resulta inimaginable. La anécdota esboza también muy bien la relación entre padres e hijos en dos culturas diferentes.

En Amsterdam he conocido varios casos de hijos que dejan de hablarse con sus padres durante muchos años. Una amiga llegó a alcanzar 17 años sin hablar con su padre, mientras que otra ignora a su madre desde que tenía 22 años, y ya va para los 45. No son personas fáciles, estas distancias las han marcado de múltiples maneras. Obviamente, al disgustarse con ellas ya sabe uno que podrán pasar décadas y no habrá ningún esfuerzo por recobrar el contacto.

Caso diferente es el de una Tanja Nijmeijer, que decide dedicar su vida a la justicia social y se enrola en las Farc, perdiendo el contacto con su familia hasta que su madre finalmente es capaz de hablar con ella y comprender los motivos de su hija para irse tan lejos de ella y la familia. O el de una joven Diana Quer que es buscada por toda España en este momento y no se sabe muy bien si fue secuestrada o quiso escapar de las constantes discusiones con sus padres. (Sigue leyendo »»)

Puntos de tensión y el buen cine

Vi la carrera de Mariana Pajón hacia la medalla de oro en un canal con un locutor estadounidense. Para crear más tensión aún antes de la competencia decía que la gran pregunta era si iba a saltar o no. A mí me distrajo esa pregunta: ¿a qué carajos se refiere este man? No entendí el problema que planteaba. La estrategia de Mariana había sido consistente en toda la eliminatoria: ser la primera para evitar riesgos de accidente. Ahí están los gringos pintados con la búsqueda de sus puntos de tensión, pensé.

Cuando vi Sully el fin de semana me pareció encontrarme con este locutor de nuevo pero en la voz de Clint Eastwood. El punto de tensión que creó para contar la historia fue: ¿Sully fue héroe o villano? Una fórmula exitosa que le quedó de sus películas de Harry, el Sucio. Y como malo de la película escogió al National Transportation Safety Board (NTSB), una de las instituciones más prestigiosas y con mayor credibilidad del mundo: es la encargada de analizar los accidentes aéreos para aclararlos y, sobre todo, para crear recomendaciones de seguridad que prevendrán accidentes futuros. La película no lo menciona, pero del accidente del vuelo 1549 se pronunciaron 35 nuevas recomendaciones de seguridad que tuvieron acogida global. Stephen Cass presenta un caso muy bueno al respecto.

Aunque la película está bien producida me pareció que, por la búsqueda de esos puntos de tensión y del villano o mal necesario para crearla, se perdió la oportunidad de contar una historia increíble, tal y como hizo William Langewiesche en su reportaje Anatomía de un milagro para Vanity Fair. Este reportaje es muy superior a la película, cuyo único punto de tensión es la lucha por mantener vivos a los 155 pasajeros en contra de todas las dificultades en un lapso de tres minutos, resaltando además todos los avances en la aviación (incluyendo el diseño del Airbus) que hicieron posible el amarizaje en el Hudson.

Ni siquiera Woody Allen escapa a la repetición de la fórmula del éxito. Si para Hollywood es la creación de buenos y malos y los puntos de tensión entre ellos, para Allen está en la recreación de sí mismo, ya sea como Joaquin Phoenix en Irrational Man, Ed Begley en Whatever Works, Scarlett Johansson en Vicky Cristina Barcelona, Jesse Eisenberg en To Rome with Love o Cafe Society. Porque sí, lectores utópicos, Cafe Society es una nueva decepción: Allen empieza criticando la imposición de la fórmula del éxito según los productores de Hollywood a sus guionistas, mientras que él termina recayendo en la típica historia de infidelidades woodyallenesca que fuerza a sus personajes a terminar viviendo como Madame Bovary. Iba tan bien la película. (Sigue leyendo »»)

El virus de la ascensión (o Remedios, la Bella, revisitada)

Soy de los que piensa que la ascensión de Remedios, la Bella, en Cien años de soledad es de lo que más daño le ha hecho a la noción del realismo mágico. ¿Por qué? Porque lo entronca con la definición que de realismo mágico hicieran Uslar Pietri y Miguel Ángel Asturias (mostrar lo irreal como algo cotidiano y común) y no con la magia de la realidad del Caribe. García Márquez defendía la ascensión de Remedios acudiendo al primer párrado de La metamorfosis: si Gregorio Samsa amanece hecho un insecto y Kafka lo cuenta con la mayor de las naturalidades, ¿por qué Remedios no puede subir al cielo de la misma manera? Mientras el escritor sea capaz de hacerlo creíble, sucede.

Ese primer párrafo de La metamorfosis ha sido un shock para cualquier futuro narrador. Sin embargo, la realidad que se encontró García Márquez le permitió escribir muchos párrafos igual de desconcertantes ante los ojos de quienes viven otra realidad. Se da una paradoja maravillosa: para muchos caribeños, García Márquez (como él mismo lo contaba con humor) se limitó a transcribir las historias de sus abuelos; para los demás lectores que no conocen esta realidad, muy poco de esto pudo existir. Cuando veo los noticieros en Holanda, cuando leo la prensa neerlandesa o inglesa, me doy cuenta de lo bien que Colombia se ha ganado el nombre de Locombia. No hay día en que no suceda algo propio del realismo mágico. Y esto ya de por sí es algo tremendamente mágico. (Sigue leyendo »»)

¿Qué pasa con Woody Allen?

Hace un mes, en una noche de viernes o sábado, pensaba que qué rico sería ir al cine al aire libre a ver una película de Woody Allen. Ayer se hizo realidad ese día: fuimos a ver Irrational Man. Las apuestas ahora están divididas 50-50 sobre si será una buena película de Allen o no. En la escala de 1 a Midnight in Paris (o cualquiera de las excelentes de WA), Irrational Man merece un 1. A Joaquin Phoenix le asigna la difícil tarea de representar a un profesor de filosofía interesantísimo y carismático, un hombre por el que suspiran todas las mujeres de la facultad, que ha devenido en un escéptico depresivo. En las clases no se deja ver ningún rasgo de la genialidad del personaje, WA se encarga de mostrar la filosofía como el arte de la masturbación verbal y no pasa de ahí (tengo que recordar los textos de mi ratoncito plagiador ufanándose de su consagración al onanismo).

La cura que encuentra el personaje de la película no tiene credibilidad alguna: matar a una mala persona para hacer del mundo un lugar infinitesimalmente mejor. Por más que WA quiera mostrar la crisis performativa entre lo que piensa un posdoctor en filosofía con lo que hace, no convence la motivación o sentido que le da a su vida el personaje. Una pérdida de tiempo total. Me quedé frustrado de que me salté el postre en la cena para llegar a tiempo a la película.
Desde que WA empezó a cultivar su leyenda u objetivo de hacer una película por año el resultado es decepcionante. Sus últimas películas son flojas, borradores sin terminar que no alcanzan la excelencia y el placer al que nos ha llevado. Sería ideal que ensayara a hacer una excelente película cada 2 o 3 años. Su actual marca es una fórmula para la frustración.