The Man (24). Jorge Enrique Pizano, auditor colombiano

La historia parece la trama de una de las primeras novelas del escritor griego Petros Márkaris. El protagonista se encuentra una hebra, un fleco que no cuadra en la escena, empieza a tirar de él y se termina topando con una madeja de corrupción que es más grande que el país entero. Cuando el ahora difunto Jorge Enrique Pizano empezó a investigar las primeras señales de corrupción en la Rutal del Sol II como parte de su trabajo de auditor, no tenía la más mínima sospecha del agujero negro que terminó cobrándose su vida y la de uno de sus hijos. Se necesitó que la justicia estadounidense se impusiera sobre la empresa gigante brasilera Odebrecht, con tentáculos en casi toda América Latina, para confirmar sus hallazgos como auditor de la firma.

Recién posesionado como presidente, Santos dio el diagnóstico más preciso del Estado colombiano: «Por donde quiera que uno toca sale pus». Un organismo carcomido por la corrupción donde ninguna institución pública se salva de ella. Ninguna. Es un estilo de vida y por lo tanto no hay trabajo más peligroso que ser controlador, veedor, contador o auditor de un contrato público: se termina haciendo parte del ajo o se renuncia al trabajo –si sobrevive para contarlo. (Sigue leyendo »»)

The Man (23). Daniele Gatti, otra baja del #MeToo

En Bogotá tenía una gran compañera, la Emisora Javeriana, a la que escuchaba constantemente a lo largo del día, fines de semana incluidos salvo las tardes de los sábados dedicadas al rock. Entre semana por las mañanas me gustaba disfrutar de la programación de música clásica, con muchos conciertos presentados por el chileno Marcelo Fortín y grabados en «la Sala de Conciertos del Concertgebouw de Ámsterdam». Tanto que en mi primer viaje a Amsterdam lo que más quería conocer era el Concertgebouw. Ahora los conciertos de la mañana me sorprenden en la tarde.

Recuerdo también el viaje en 2008 a Nueva York cuando me enteré de que la revista Gramophone había nombrado a la orquesta del Concertgebouw como la mejor del mundo. Guardo ese ejemplar con mucho cariño. Con el tiempo me volví abonado de la orquesta y sonrío cada vez que veo mi tarjeta de miembro. La selección del conductor de la orquesta es siempre tema de Estado. La llegada de Daniele Gatti como sucesor de Mariss Jansons fue acertada y muy celebrada. Apenas pude verlo en tres conciertos, pero me dejó muy impresionado, un dirigente de clase y talento extraordinarios. (Sigue leyendo »»)

The Man (22). Yerry Mina, herencia afrocolombiana

Para decirlo en la clave del Joe, poco sabían esos negreros españoles, belgas, ingleses, holandeses, alemanes y franceses lo que traían sus esclavos africanos al nuevo continente. Mientras dilataban lo más que podían el debate sobre si tenían alma o no para tratarlos como cristianos o animales, la cultura africana se iba diseminando por toda América. En las discusiones racistas extemporáneas mucho se escucha decir que los españoles nos legaron la lengua, a lo que Carlos Fuentes respondía que la hemos devuelto enriquecida, con tantos o más premios Nobel de literatura. Pero a la par hay que situar las raíces africanas que fueron parte del gran mestizaje y son un componente esencial de la identidad latinoamericana. Sin los inmigrantes africanos no tendríamos, por ejemplo, la riqueza musical que distingue a América (Jazz, tango, cumbia, son, danzón y mil ritmos más) ni esa sal particular que le da el guaguancó a las culturas donde es más fuerte la presencia afro.

En Colombia, por ejemplo, la mayor o menor presencia de afrocolombianos determina la identidad de cada región. De ahí las diferencias entre los habitantes de las costas Atlántica y Pacífica con los del interior, de los Llanos Orientales y la Amazonía. O el frío que impregna la identidad de los rolos y que se ha ido calentando con la llegada de personas de todas las regiones del país. La diferencia entre la cumbia y el mapalé con el bambuco y el pasillo, para ponerlo en términos musicales. O sociológicos: si una compositora como Mercedes Pedroso (cubana) canta en la voz de Celia Cruz tus labios son ricos / melao de caña / rica es su dulzura, en Bogotá dicen que hay que cuidarse de la melosería, esa tendencia a vencer las fronteras del espacio personal. Difícil entonces que salgan esos versos apasionados de la región andina. (Sigue leyendo »»)

The Man (21). Fernando de Szyszlo, maestro del color profundo

Fernando de Szyszlo, por Nancy Chappell

Este fue un verano feliz en parte porque me trajo tres senderos, las memorias de artistas que admiro y aprecio: Lluís Homar, Fernando de Szyszlo y Philip Glass. He querido escribir una entrada sobre los pasajes comunes que estos tres artistas comparten, pero no he encontrado el tiempo todavía. Hoy recibo una alerta diciendo que ha fallecido, a sus 92 años, el maestro Fernando de Szyszlo. Me invade la tristeza.

Conocí su obra por primera vez gracias a una exhibición en el Mambo. Recuerdo esa fiesta de rojos profundos, que años después pasarían a ser azules. Sentí la conexión con Alejandro Obregón y Rufino Tamayo y, por ende, con el corazón del arte precolombino. Como sucede con el buen arte, salí lleno de gozo gracias al placer estético que me regaló su obra. A cuanto amigo me encontré o llamé o me llamó le conté que era imperdible la experiencia. Empecé a seguir sus pasos y a coleccionar libros y artículos relacionados con él y su obra.

Para casi la noche, de Fernando de Szyszlo

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The Man (20). Comandante Fidel Castro, viernes negro

García Márquez decía que El otoño del patriarca era su libro más autobiográfico. Es una afirmación que invita a leerlo en clave del deseo: ¿qué pasaría si el mundo fuera como yo quiero, si se hiciera todo lo que yo deseo, si todo girara en torno mío? La escritura sirve para explorar ese deseo, que en manos de un gigante como el Nobel colombiano se transforma en literatura. Otros seres humanos, una selecta minoría, deben explorar esas preguntas a lo largo de su vida, como le sucedió a Fidel Castro durante casi 50 años, la edad a la que escribió García Márquez su novela.

Fidel Castro

Fidel Castro

Fidel Castro ocupará siempre varios capítulos en cualquier bitácora utópica, en la historia de aquellas personas que han dedicado su vida a hacer realidad una utopía, con los logros, sombras y errores propios de tal destino. Valga resaltar de entrada que ninguno de los errores del régimen castrista es comparable a los grandes desastres de las democracias latinoamericanas con contadas excepciones (para no ir más lejos, la masacre de la Unión Patriótica, las desapariciones forzadas y los falsos positivos de la democracia colombiana sobrepasan con creces el número de víctimas del castrismo). (Sigue leyendo »»)