Paramilitares

Hay varios puntos de contacto entre los asesinatos de Adnan Khashoggi y Dimar Torres: el abuso del poder del Estado; el ensañamiento; la célula asesina y torturadora; la motivación política.

En una entrada pasada me sorprendía que los líderes de las Farc todavía no hubiesen experimentado siquiera un atentado. Pensé que era una señal de respeto y civilización nacionales, pero viendo la reacción internacional ante el crimen de Khashoggi, parece ser que es el manto de la comunidad internacional y el esfuerzo del gobierno por no exponerse a ella la que contribuye a que permanezcan vivos.

Ya van más de 120 miembros desmovilizados de las Farc asesinados. Por poco no se cuenta a Dimas Torres, porque la célula militar asesina lo dejó a medio enterrar cuando sintió la presencia de la comunidad y salieron huyendo. Las grabaciones ocultas en el consulado saudí revelan que Khashoggi fue descuartizado en vida. Lo que la comunidad cuenta (porque según el ministro de Defensa Botero solamente fueron algunos disparos propios de un forcejeo) es brutal, barbárico a morir: señales de tortura y hasta mutilación genital.

¿Qué tipo de soldados trabajan en el Ejército de Colombia? ¿Cómo es posible que alcancen tal grado de barbaridad? La creación de los paramilitares fue un esfuerzo por disociarlos de estas prácticas barbáricas, de salvar la imagen y honor de la institución, pero ahora que han sido descubiertos, ¿cómo explicar o justificar esto? ¿cómo se entrenan soldados para cometer semejantes delitos? Ya el general Villegas se apresuró a decir que habían actuado al margen de la ley.

Más de 120 desmovilizados asesinados son un patrón innegable. Se mezclan el ajuste de cuentas, el descaro de tomarse la justicia por propia mano (que es precisamente lo que combatían), la desconfianza de la JEP y, obviamente, el sabotaje al proceso de paz. Es supremamente descorazonador constatar que hay personas en el Ejército capaces de estos crímenes, entrenados para cometerlos y quién sabe cuántos más habrán ejecutado o les faltan por ejecutar.

Resulta entonces que uno de los grandes vacíos en los acuerdos viene a ser que no se creó un plan para desmovilizar estas células paramilitares del Ejército. Una omisión letal que, curiosamente, no aparece en las objeciones del gobierno actual al Acuerdo de Paz. Qué país.

Dolor y polución en el laberinto

El plebiscito del 10/16 dejó constancia de la polarización del país frente al proceso de paz. Más de dos años después la polarización no cede, con la gran diferencia de que las fuerzas a favor del No están ahora en el poder. Era y es de esperar que busquen ahora introducir todos los cambios que en su momento el gobierno desatendió. En una situación ideal, estos cambios debieron de ser negociados en la mesa; hoy sabemos que la radicalización de estos grupos es tal que por ellos no habría proceso de paz ni desmovilización de las Farc. El deseo de sanción y venganza es más fuerte que cualquier otra consideración.

Hemos vivido una guerra sucia de larga duración. El precio de la desmovilización es aceptar la reconversión a fuerza política de las Farc, la justicia transicional, la sanación colectiva de las heridas. Pero aparecen organizaciones como la Corporación Rosa Blanca, conformada por exguerrilleras de las Farc, que denuncian violaciones, abusos sexuales y abortos forzados de miembros de la guerrilla. Se estima que son más de mil mujeres afiliadas y sus portavoces dicen que son más porque no todas se animan a denunciar. En un gesto hiperbólico contraproducente, una de sus líderes afirmó que podrían ser millones. Contraproducente porque exagerar las cifras siembra duda sobre la credibilidad de las denuncias. Ya el número de afiliadas habla por sí mismo, no es necesario multiplicarlo por millones. Además de los testimonios sobre el aborto, ¿algo más fuerte y contundente que muestren a sus hijos fruto de la violación como pruebas?

¿Qué camino seguir? (Sigue leyendo »»)

Colombia no era una fiesta

1.

Ayer tuvo lugar la entrega oficial de las armas por parte de las Farc. Un hecho histórico que ha sido recibido con cierta indiferencia por gran parte de los colombianos y la comunidad internacional. ¿Es acaso una señal de escepticismo o la conciencia de haber dado un paso más en el proceso de reinserción de la guerrilla a la vida civil?

Como todo en este proceso, impera el pero: entregaron algo más de 7.000 armas pero aún falta recoger el contenido de 900 caletas, sin tener un indicativo aproximado de cuántas armas podría haber en estas. ¿Falta de transparencia de las Farc o sencillamente no llevan inventarios por vivir en la selva? Es de suponer que habrá una sorpresa similar cuando entregue el informe sobre sus bienes.

Así es muy difícil que el proceso termine de convencer a todos los colombianos, si bien el paso de mayor compromiso ya ha sido dado: el Secretariado está escoltado por el Ejército y más de 7.000 guerrilleros se encuentran ubicados en las zonas veredales y campamentos dispuestos para la desmovilización. Es muy difícil pensar que el Secretariado tiene un plan de fuga para llamar a levantar las armas de nuevo a sus militantes. El escenario más sombrío sería que quedaran células ocultas encargadas de reaccionar en caso de que algo le sucediera al Secretariado. Casi de película de ficción pero no es descartable del todo: quedan 900 caletas y no se sabe si son todas. Se conoce también la desconfianza histórica entre Farc y Estado.

Cuando se piensa que las Farc sabotearon el Caguán porque estaban convencidas de que se iban a tomar el poder con 20.000 hombres, hoy su desafío de momento no es gobernar un país de 50 millones de personas, sino mantener a sus casi 10 mil miembros unidos como movimiento político. Los antecedentes históricos, 5 grupos guerrilleros desmovilizados y ningún partido político sobreviviente conformado por ellos juegan en su contra. No en vano el presidente Santos anunciaba el fin de las Farc en París, mientras que Timochenko, optimista, insistía en decir que las Farc no se acaba sino que deja la vía armada como camino para la revolución.

2.

El desarme oficial no fue la única noticia relevante ayer: la revista Semana informaba que las 1000 empresas más grandes de Colombia representan el 80% del PIB, mientras que la Unión Europea imponía una multa histórica a Google (Alphabet) por el abuso de su posición dominante en el mercado. ¿Qué tal que en Colombia se impusieran sanciones por abuso de posición dominante en el mercado?

Ya el exministro Rudolf Hommes alertaba sobre este preocupante escenario hace unas semanas: la economía colombiana no está creciendo a buen ritmo y esto es preocupante para el grueso de la población que no pertenece a esas mil empresas colombianas. La sanción a Google se debe a que:

Lo que Google ha hecho es ilegal bajo las normas europeas. Niega a otras compañías la oportunidad de competir en igualdad de condiciones e innovar. Y lo más importante: niega a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios y los beneficios completos de la innovación.

La economía colombiana no puede seguir en manos de élites extractivas, que no están generando riqueza sino absorbiendo la que produce la nación. La sanción de la UE aplica perfectamente a los oligopolios nacionales. (Sigue leyendo »»)

Hacia lo desconocido por la ruta del deseo

Se preguntaba LS en un trino al ciberespacio libre por qué se había firmado el Nuevo mejor acuerdo posible en el Teatro Colón. Un amigo acudió a la respuesta fácil de que era el mejor escenario para una farcsa. Yo a la más fácil aún de que era el espacio apropiado para los actores del conflicto. Hasta que el nombre de Colón me dio otra respuesta.

Hace algunas semanas me sorprendió por primera vez el aborto del despegue de un avión (¿un abortizaje?). He llegado a tal punto de costumbre que ni siquiera la sensación de la aceleración me logra distraer de la lectura. Pero esta vez sentí cómo el piloto frenaba largo cinco veces seguidas hasta que fue evidente que no íbamos a despegar. Llevó el avión al mismo puerto de embarque y allí empezó un protocolo de una hora para revisar que todo estaba en orden para autorizar el nuevo intento de despegue. (Sigue leyendo »»)

El mejor acuerdo posible (10). ¿En la dirección correcta?

Ha habido tantos problemas de timing en la firma del Acuerdo que no queda más que preguntarse cuál es el método detrás de la locura, como sugirió un príncipe danés. No se entiende que se firme un Acuerdo con semejante despliegue de invitados en Cartagena antes de ser aprobado o no por el plebiscito. Tampoco que se firme de nuevo cuando las voces más reconocidas del No apenas tuvieron tiempo de plantear sus objeciones: se incorporaron varias, con lo cual quedó un mejor acuerdo, pero no se logró consolidar el espíritu que el Acuerdo necesita: reconciliación nacional y aceptación de las Farc como actor político legítimo.

La aprobación por el Congreso, de mayoría santista (y que muy probablemente recibirá además una nueva ronda de mermelada), por la vía del fast-track le resta legitimidad al Acuerdo. ¿Cuál es el afán de Santos? La primera hipótesis es la que se ha plantado varias veces en esta bitácora utópica: lo importante es desarmar a las Farc, todo lo que vendrá después se resolverá por la vía política o jurídica. La segunda, que el estado de salud de Santos es más delicado de lo que ha hecho público y quiere dar inicio al Día-D a la mayor brevedad posible. La tercera es el otro Día-D, el día de Donald Trump.

En efecto, luego de leer la entrevista del excongresista Lincoln Díaz-Balart y los pronunciamientos de Trump y Pence a raíz del fallecimiento de Fidel Castro, el afán de Santos tiene mucho sentido: ninguno de los tres vacila en calificar a las Farc como organización terrorista y el cartel de la droga más grande del mundo. Díaz-Balart plantea la tercera hipótesis sobre el afán santista con contundencia: «¿será que la prisa del presidente Santos es por concluir esto en la era de Obama?». (Sigue leyendo »»)