Agente naranja

La pregunta qué hacer con Venezuela llevaba 20 años sin respuesta y se hizo más acuciante después del robo de las elecciones por parte de Maduro. El sábado pasado Trump decidió responderla a su manera secuestrando a Maduro en una acción que dejó al menos 80 personas muertas. Lo que nadie esperaba es que amaneciéramos con una nueva pregunta más grave aún: ¿qué hacer con Trump?

Swift decía que Los viajes de Gulliver era una sátira para adultos que injustamente terminó siendo un libro de aventuras para niños. Hoy, cuando la flota estadounidense estacionada frente a las costas del Caribe venezolano nos recuerda a David y Goliat, es hora de que empecemos a imaginar alternativas de cómo los liliputienses sujetaron a Gulliver, cómo la unión global de los Davids puede tratar de hacerle frente a Goliat.

Venezuela es una alerta para navegantes. No solo demuestra el uso y abuso de poder de Trump, también dice que no está sujeto a nada ni a nadie, solo a su voluntad. Si ya se sospechaba por qué Trump sentía admiración por Putin, hoy queda más claro que es una simple afinidad: Putin actúa en consecuencia con el poder y las armas que tiene; a ojos de Trump, no hay nada que criticarle, él va a hacer lo mismo.

Europa amanece conmocionada: ¿en verdad está en peligro la paz de los últimos 80 años? ¿Cómo reaccionar a la toma anunciada de Groenlandia? ¿Qué tal lejos estamos los liliputienses de sobreponernos a nuestras rencillas para atar a este gánster de NY?

Trump nos confronta de nuevo ante esa pregunta que hasta hace muy poco parecía eminentemente teórica para la ciencia política, la de la paradoja de la democracia: ¿puede la democracia protegerse a sí misma contra las fuerzas que buscan destruirla? La división de los poderes es un primer esfuerzo. El sistema parlamentario neerlandés es otro buen ejemplo: es prácticamente imposible que un solo partido político gane la mayoría de los escaños del parlamento. El sistema hace obligatorio que siempre haya gobiernos en coalición. Gracias a este mecanismo el ultraderechista Wilders no pudo ser primer ministro, Países Bajos se salvó de tener a un mini-Trump en el poder.

Trump se ha saltado todos los diques y como no puede leer una página seguida, menos un libro, ya es tarde para que aprenda las lecciones de los utopías y los autoritarismos. Estamos frente a un individuo que cree que sabe lo mejor para todo el mundo (“MAGA me ama, aman lo que yo hago y yo también amo lo que hago”) y la historia está plagada de ejemplos de cómo terminan estos personajes. La democracia está descarrilada en estos momentos en EUA y si en su interior no pueden contener a este nuevo autoritario, a este agente naranja que empieza a expandirse por el resto de Occidente y América Latina, no nos quedará más remedio que unir fuerzas y tratar de contener al nuevo enemigo. El reloj está marchando…

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