Me levanté aporofóbico, pero no como se lo escuché decir a la profesora Adela Cortina en una de las charlas de la Fundación Social allá por los noventa: «La aporofobia se refiere al miedo y rechazo hacia la pobreza y las personas pobres, aquellas que se encuentran desamparadas y con muy pocos recursos». La culpa de mi aporofobia matutina la tiene la candidata a la Alcaldía de Bogotá, Claudia López, que ofrece en su programa 20.000 cupos de educación superior gratuita pero en el portafolio de carreras técnicas, tecnológicas y profesionales que sí están demandando los empresarios. (Sigue leyendo »»)
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Lecciones no aprendidas
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La semana pasada se presentaba Matar a Jesús, una película colombiana que trae una vez más el tema de los sicarios y las barriadas de Medellín, esta vez con un giro: ¿qué hubiera sucedido si Héctor Abad decide vengar por propia mano el asesinato de su padre? Héctor en la película es una joven fotógrafa. Me invitaron a verla, vi el trailer en Youtube y me pareció que ya había visto 90% de la película. La misma sensación con tantas cosas que siguen sucediendo en Colombia. Pero esta vez escuché a mi inconsciente decir «qué fijación con la violencia». Cada vez que me adentro más en la Comunicación no violenta me doy cuenta de cuánto le gusta a la gente educar con fuete, o decir que cuando alguien no actúa bien, le hizo falta fuete. Quizás de ahí viene la necesidad o el deseo de millones de colombianos por ver cómo los jefes de la Farc hacen una procesión donde deben ser linchados para terminar crucificados. Una inversión perversa de la crucifixión de Cristo: el que actúa mal debe ser así tratado, como Cristo camino de la cruz. Esos sí se lo merecen.
Loving Pablo también se perdió de ese paso adelante que dio Virgie en la narración del negocio: hay juegos de poder que reflejan muy bien cómo se mueven los hilos en el país y eliminó a un personaje clave en la narración de Vallejo: el Ajedrecista, de quien narró cómo Sarmiento Angulo le blanqueó capitales, si bien en su ego ella no es consciente de que se acusa de una maldad peor: quiso educar a Escobar para que aprendiera a blanquear de manera tan limpia o incluso más sofisticada que el Ajedrecista. Es decir, haberle subido el nivel a Escobar. Y como el negocio sigue adelante, es de suponer que hay gente que sigue blanqueando muy bien, mientras la atención de la gente (cineastas incluidos) sigue enfocada en las metralletas de los sicarios o el sadismo del Patrón.
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La jugada más criminal de Escobar por la que pasarán décadas sin ser juzgado (y quizás jamás) fue la filtración del plan del M-19 al Ejército colombiano, como lo narra su hijo Sebastián Marroquín. Hoy se sabe que el Ejército tenía conocimiento del plan al menos dos meses antes y que optó por la estrategia de La ratonera (atrapar al M-19 dentro del Palacio) en lugar de prevenir la toma. De nuevo, Vallejo nos cuenta que la Toma era una excusa perfecta no solo para volar el ala que contenía todos los procesos contra Escobar, sino también la que contenía todos los procesos por violación de los derechos humanos del Ejército colombiano. Una carambola a tres bandas: golpe al M-19, destrucción de los archivos contra Escobar, contra el Ejército. Cuenta Vallejo que Escobar le dijo que había sido el millón de dólares mejor invertido en su vida. De ñapa, el Ejército se regaló acabar con elementos molestos como el magistrado auxiliar Carlos Urán. Uno de esos desaparecidos de la retoma del Palacio que niega la congresista María Fernanda Cabal. (Sigue leyendo »»)
Paramilitares
Hay varios puntos de contacto entre los asesinatos de Adnan Khashoggi y Dimar Torres: el abuso del poder del Estado; el ensañamiento; la célula asesina y torturadora; la motivación política.
En una entrada pasada me sorprendía que los líderes de las Farc todavía no hubiesen experimentado siquiera un atentado. Pensé que era una señal de respeto y civilización nacionales, pero viendo la reacción internacional ante el crimen de Khashoggi, parece ser que es el manto de la comunidad internacional y el esfuerzo del gobierno por no exponerse a ella la que contribuye a que permanezcan vivos.
Ya van más de 120 miembros desmovilizados de las Farc asesinados. Por poco no se cuenta a Dimas Torres, porque la célula militar asesina lo dejó a medio enterrar cuando sintió la presencia de la comunidad y salieron huyendo. Las grabaciones ocultas en el consulado saudí revelan que Khashoggi fue descuartizado en vida. Lo que la comunidad cuenta (porque según el ministro de Defensa Botero solamente fueron algunos disparos propios de un forcejeo) es brutal, barbárico a morir: señales de tortura y hasta mutilación genital.
¿Qué tipo de soldados trabajan en el Ejército de Colombia? ¿Cómo es posible que alcancen tal grado de barbaridad? La creación de los paramilitares fue un esfuerzo por disociarlos de estas prácticas barbáricas, de salvar la imagen y honor de la institución, pero ahora que han sido descubiertos, ¿cómo explicar o justificar esto? ¿cómo se entrenan soldados para cometer semejantes delitos? Ya el general Villegas se apresuró a decir que habían actuado al margen de la ley.
Más de 120 desmovilizados asesinados son un patrón innegable. Se mezclan el ajuste de cuentas, el descaro de tomarse la justicia por propia mano (que es precisamente lo que combatían), la desconfianza de la JEP y, obviamente, el sabotaje al proceso de paz. Es supremamente descorazonador constatar que hay personas en el Ejército capaces de estos crímenes, entrenados para cometerlos y quién sabe cuántos más habrán ejecutado o les faltan por ejecutar.
Resulta entonces que uno de los grandes vacíos en los acuerdos viene a ser que no se creó un plan para desmovilizar estas células paramilitares del Ejército. Una omisión letal que, curiosamente, no aparece en las objeciones del gobierno actual al Acuerdo de Paz. Qué país.
Operación Jaque Mate
Me estoy preparando para leer el libro La batalla por la paz, del expresidente Santos, el también exministro de Uribe que nos quiso vender la Operación Jaque como el logro máximo de la inteligencia militar colombiana. Jaque fue descrita en el libro Operación Jaque. La verdadera historia, del periodista Juan Carlos Torres, con prólogo de Santos. En este libro se encuentran los vacíos y contradicciones que dan origen a concebir la Operación Jaque como Operación Conejo.
Veo todavía los Acuerdos de paz firmados con las Farc como la Operación Jaque Mate de Santos, como la tercera fase de la Operación Conejo –y que personalmente no me molesta en absoluto, la cortina de humo de las Farc debía disiparse desde hacía mucho tiempo. Lo que me interesa en particular es ver cómo el sistema político colombiano, el statu quo, logra mantenerse en el poder con los mismos cimientos del modelo que heredamos desde la Colonia y la Independencia a punto de celebrar sus 200 años de existencia.
De la experiencia de los diálogos del Caguán conocimos mejor la estructura interna del Secretariado de las Farc. Supimos que el ala fuerte (militarista) estaba conformada por Tirofijo, Raúl Reyes y Alfonso Cano. Hasta ese momento, la incapacidad del Estado colombiano para tocar el Secretariado les daba un aura de invencibilidad. Con los avances tecnológicos en la industria militar, fue cuestión de tiempo dar de baja a Reyes y Cano, los dos últimos grandes obstáculos que quedaban para buscar de nuevo una solución del conflicto armado a través del diálogo.
La Operación Jaque también contribuyó a este debilitamiento de la posición militarista de las Farc. Me pregunto entonces si en algún momento utilizó el gobierno colombiano las imágenes satelitales que se mencionan en los libros sobre Ingrid Betancur, en los cuales se sabía con precisión su ubicación, al igual que la de Reyes en el sur del país, y Márquez y Timochenko en Venezuela. Para el Secretariado tuvo que ser evidente que la guerra armada estaba perdida y que su propia supervivencia, después de la experiencia de Reyes y Cano, pasaba por la transición de las Farc a la vida política colombiana. ¿Qué más tiene que contar el expresidente Santos al respecto? (Sigue leyendo »»)
Una carta al pasado
Hay que reconocerle al presidente mexicano López Obrador su talento para el ataque sorpresa. Se sacó una carta que remueve siglos de historia de la manga. La he pensado desde varios puntos de vista y me sigue pareciendo absurda, más aún cuando el EZLN, la única guerrilla indígena de América Latina (en Colombia el Quintín Lame se desmovilizó a la par con el M-19), la ha desestimado por oportunista y extemporánea.
Este año celebraremos en Colombia doscientos años de “independencia”. Valga el entrecomillado, porque lo que hemos logrado en ese período, a grandes rasgos, es mantener la estructura racista, clasista y de castas heredadas de España. Ser blanco era un privilegio tal que obligaba al trato de don y doña, además de no tener que pagar impuestos; luego los criollos y mestizos, que podían disfrutar de ciertos privilegios de los nobles, y que a la postre terminaron liderando la independencia. Seguían los indios y los esclavos.
Cuando estudiaba Ciencia Política, cuando estudiábamos a Colombia y las teorías de Estado, siempre me intrigaba ese desfase entre la teoría y la realidad. Casi nada encajaba. Hablábamos de separación de poderes, incluso llegamos a estudiar los problemas que enfrentaba el Estado de Bienestar, algo totalmente desconocido en Colombia más allá de la teoría. Nunca dedicamos tiempo a estudiar o profundizar las estructuras políticas legadas por la corona española y cómo han logrado mantenerse hasta nuestros días. Sí, tenemos separación de poderes, elecciones democráticas, voto para hombres y mujeres, una Constitución pluriétnica y multicultural, pero la estructura de poder se sigue asemejando más a la legada por la Corona que a la de una nación-Estado. Elaborar todo esto da para una monografía de grado y es una tarea agradecida porque ayuda bastante para saber en dónde estamos parados.
La condición de los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes son una buena medida de qué tanto hemos avanzado en ese proceso de independencia, si hemos logrado una sociedad igualitaria libre de las cadenas opresoras de las fuerzas dominantes. Al igual que la condición de los incipientes o inexistentes partidos políticos, los encargados de dar una visión y de ayudar a cultivar una identidad más allá del mito fundacional de la independencia. ¿Cuál será el balance?