El Boogaloo, historia de un homicidio musical
Después de disfrutar de esta excelente crónica de Oliver Wang en The Guardian vi el maravilloso documental We Like it Like That, que reseña el nacimiento y caída del boogaloo… ¿Caída u homicidio? En la Bitácora Utópica hemos registrado varias formas del asesinato como una de las bellas artes no contempladas por De Quincey. Hoy podemos agregar una nueva: el asesinato musical.
Como narra el documental, en los años sesenta los reyes del mambo eran Tito Puente, Eddie Palmieri y Machito. De súbito Joe Bataan, Pete Rodríguez, Johnny Colón empezaron a surgir como estrellas musicales con su recién creado boogaloo. El artículo de Wang hace un excelente recorrido musical también por esta historia.
Lo que nos deja fríos como espectadores es ver la conspiración que tuvo lugar para acabar con estas jóvenes estrellas. De hecho, ahora que empiezo a detallar la escena del crimen, me doy cuenta de que podría incurrir en un spoiler sin quererlo. Así que solo me queda recomendar el artículo de Wang y el documental para aclarar el misterio. Hora y media de emoción intensa garantizada.
El misterio que sí parece aclarar es el del coro en Eso se baila así, el clásico de Héctor y Willie Colón, donde cantan Boogaloo no va conmigo, que tú lo quieres vacilar ¡vete pa’llá! una frase que nunca —quizás hasta hoy— había podido entender precisamente en ese boogaloo:
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La duda de incluirlo en las formas artísticas de De Quincey se encuentra en su renacimiento en los últimos años. Lo que sí deja mal sabor de boca fue el destino que corrió Pete Rodriguez, alquimista de música adoptado por la industria farmacéutica: ahí queda eso.
httpa://www.youtube.com/watch?v=MenOmqIBmIM
El origen de los apuntes y el efecto Ramsey
De niño me causaba mucha curiosidad descubrir el origen de los chistes. En mi familia paterna se celebraba siempre el apunte, que en bogotano se define como una salida cómica e ingeniosa. Era común que en las charlas familiares se mencionara un apunte, o que en las telefónicas mi papá se despidiera —mucho antes que Steve Jobs— con un “ah, antes de despedirnos, un apunte”. ¿De dónde vendrían los apuntes?
Alguna vez pensé que de la improvisación: si empezaba a contar un cuento inventado, de pronto en algún momento aparecería un apunte. Así que en una visita dominical a mi abuelo paterno me animé a compartir un apunte. Empecé a contar una historia de un incendio y los bomberos que pasaban por cualquier cantidad de percances, tantos que cuando llegaban a apagar el incendio este ya había terminado. Mi familia se cansó a la mitad de la lista de los percances, el niño no iba a ninguna parte, y decidieron todos sincronizarse con mi abuelo para terminar la historia con una sonora carcajada y sacarme del apuro. En mi honestidad infantil no comprendía por qué se reían si ni siquiera había terminado el chiste y el apunte no había aparecido por ningún lado, me había mamado gallo.
Si en mi familia bogotana con su sobria compostura se celebraba el apunte, en mi familia materna paisa lo que contaba era el chiste que producía carcajadas estruendosas. Antes de que llegara el anglicismo del Stand-up comedy ya se celebraban por todo el país los chistes de Montecristo y la Nena Jiménez, entre otros. Recuerdo ferias de pueblo donde vi los primeros culebreros y a artistas callejeros que montaban números completos escenificando Yo soy el aventurero, de Antonio Aguilar:
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A través de la frontera (1)
Como desde hace ya varios años se celebra en Holanda en abril el mes de la filosofía. La mayoría de las librerías dedican sus mostradores y vitrinas a libros filosóficos. En esta ocasión el tema general es A través de la frontera (Over de grens). El plan era ir con A. al Café Filosófico de Haarlem (Filosofisch Café Haarlem) a escuchar la charla de la filósofa Carolien van Bergen, A través de la frontera: la filosofía de viaje, que también es el título del libro que publicó en 2005. A. quería aprovechar la oportunidad para que Van Bergen se lo firmara, pues la influyó (quizás demasiado) en los viajes que ha hecho después de leerlo. Un fragmento de la contraportada:
Al viajar se cruzan todas las fronteras. Eres otra persona, comes diferente, los demás te miran de otro modo. Experimentas cosas que no son normales para ti. Tomas conciencia de quién eres y de cómo estás en la vida. Descubres que puedes cambiar, que puedes desplazar tus fronteras.
Rara vez viajamos del todo sin prejuicios. Seguimos las huellas de peregrinos, aventureros o científicos. Es una tendencia que vuelve en el turista moderno: es el peregrino que se busca a sí mismo o el aventurero que quiere explorar el terreno desconocido.
Este fragmento me hizo pensar en Las voces de Marrakesh, de Canetti, uno de los libros fetiche con los que siempre viajo; logra de cierta manera abstraer la experiencia de Canetti en ese viaje por la ciudad marroquí. Creo que es a este libro que le debo mi sueño frecuente de levantarme en un hotel que no sé en dónde está pero que creo que es Marrakesh.
Le digo a A. que por eso prefiero la literatura a la filosofía: me gusta saborear la experiencia vivida; las malas novelas, las de laboratorio, son las que nacen de abstracciones sin mayor conexión con la experiencia del autor o autora. Pero me gustan las preguntas de Van Bergen, es innegable que cada viaje puede tener esa dimensión filosófica que menciona, ese viaje por la vida que no durará para la mayoría más de cien años.
Es fácil para Holanda cultivar viajeros: el país tan pequeño y plano invita a atravesar las fronteras. Son también viajeros muy bien preparados, saben observar y adaptarse a las nuevas circunstancias que encuentran. Estaban todos los ingredientes dados para una buena noche, salvo por Bruno… (Sigue leyendo »»)
Alto Songo
La masacre de 1912 es uno de los episodios más dolorosos de la historia de Cuba: fueron asesinadas entre dos mil y seis mil personas, pertenecientes en su mayoría al Partido Independiente de Color (PIC). El PIC luchaba porque se cumpliera a cabalidad la nueva constitución de la recién creada República de Cuba: «Todos los cubanos son iguales ante la Ley. La República no reconoce fueros ni privilegios», pues el racismo en el país seguía imperando, con realidades tan absurdas como que alguien de la raza de color no podía ser policía, entre otras barbaridades.
El PIC se alzó en mayo de 1912 y ya para julio de 1912 había sido brutalmente reprimido. Uno de los incidentes entre estos meses fue el incendio de La Maya, cuando miembros del PIC se tomaron este poblado. Poco después se incendió una ferretería, no se sabe aún si fue un accidente o no, el caso es que el fuego se extendió por las barracas de la guardia rural y la estación del tren. Este hecho es conocido como La toma e incendio de La Maya.
Siguiendo la tradición de los soneros, los juglares de los afrodescendientes en Cuba, el compositor Luis Martínez Griñán (creador también del tumbao) recogió esta historia en su clásico Alto Songo (se quema La Maya). Hoy lo recordamos en la serie Échale salsita con varias versiones del tema, que no por ser más espectaculares nos quitan de la memoria la lucha vigente contra el racismo. Empieza pues el banquete:
La versión original de Chappottín y sus estrellas, con la voz de Miguelito Cuní:
httpa://www.youtube.com/watch?v=RRbd06JXd_4
La versión contemporánea del Conjunto Chappottín: