Si te contara… ¿contra el psicoanálisis?

Ayer mientras caminaba por el parque escuchaba en mi cabeza las diferentes versiones de Si te contara. Aparte de mis limitaciones artísticas, me pregunté por qué no podría componer la letra de este bolero. Recordémosla:

Si tu supieras
mi sufrimiento
si te contara
la inmensa amargura
que llevo tan dentro
la triste historia
que noche tras noche
de dolor y pena
llena mi alma, surge en mi memoria
como una condena.

Si lo supieras, ¿te importaría?
si te dijera que en mí ya no queda
ni luz ni alegría
que tu recuerdo es el daño más fuerte
que me hago yo mismo por vivir soñando con
que tu regreses…
arrepentida.

Reconocí que desde que me acepté como monógamo serial he ido aprendiendo a cerrar ciclos, relaciones, y no anhelo que regresen, arrepentidas o no. Diría que me he vuelto más de la línea de Oscar D’León, de las dos primeras canciones de su álbum Comuniquémonos: la que le da el título al album (con énfasis en el coro: vamos a comunicarnos y cuerpo a cuerpo vibrar) y el himno oficial de los monógamos seriales: Con un amor se borra otro amor.

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La luz peligrosa

I.

De visita en el taller de Johan Suttorp, pintor y escultor de Delft, vi uno de sus cuadros y le dije que me recordaba la luz peligrosa en Bogotá.

"¿Cuál es esa luz?", me preguntó. Empecé a contarle: según la leyenda, hubo un tiempo en que en los cerros orientales de Bogotá vivían venados. En ciertos crepúsculos, en los que el sol se veía enorme y producía una luz anaranjada tirando a cobriza, los venados se quedaban hipnotizados mirando el atardecer. Se le llamó desde entonces el sol de los venados. Muchos poetas le han dedicado versos y hasta libros a ese sol. "La luz de este cuadro tuyo me recuerda ese sol de los venados, solo que en Bogotá lo absorbe todo la luz, es imposible ver el cielo azul". "¿Por eso se llama peligrosa, porque lo absorbe todo?". "Jaja, no, yo la llamo peligrosa porque si le das la espalda al sol verás que todo lo que ilumina se ve increíblemente hermoso. Serías capaz de enamorarte de la primera mujer que pasara a tu lado iluminada por esa luz, creerías que nunca en tu vida volverás a ver a una mujer tan hermosa; por eso la llamo peligrosa". Johan se rio, tomó una postal con el cuadro y me la regaló: "Toma, por la historia de esa luz peligrosa". Es uno de mis regalos de viaje preferidos.

II.

Como los venados, es casi imposible escapar de ese sol. Cuando se logra darle la espalda, la luz peligrosa espera. Me he enamorado muchas veces con esa luz; me ha hecho sentir que he encontrado el lugar para vivir de por vida. He hecho planes para quedarme en Lisboa, Tarifa, Pietra Santa, el Bósforo y Koufonissi. De seguro sentiría lo mismo en Okinawa; la bandera de Japón es la del sol naciente. He llegado hasta a pensar que son sabios los venados por no girarse y evitar estos pensamientos. Mejor contemplarla y seguir el camino en la noche. Quizás por eso hay tantas canciones dedicadas al amanecer, para conjurar sus efectos.

Disfrutemos de una inspirada en ese sol naciente japonés:

Si te contara (in crescendo)

Una entrada para coleccionistas. Versiones in crescendo del superbolero Si te contara del cubano Félix Reina, con la ayuda de mis queridas Amaranta y Cata. Empezamos con la versión de terciopelo de Martirio acompañada por el bajo de George Mraz, para terminar con la bomba de energía atómica de Richie Ray y Bobby Cruz, pasando por los clásicos de Rubén González, Omara Portuondo con Chucho Valdés, el megaclásico de Panchito Riset, el de Ibrahim Ferrer, El Cigala, Tito Rodríguez y el inmortal Maelo.

Disfrutemos: (Sigue leyendo »»)

Underwood (o nuevos síntomas del síndrome de don Quijote)

Fui a la reunión del Club del Shock. No pude participar mucho, salvo por mis preguntas de ignorante en el tema. M. mencionó que sí, que va a haber una cuarta temporada de House of Cards. Todos exclamaron: "Oh, no". Yo guardé silencio, pues no he visto ningún capítulo de la serie. Pregunté que por qué era una mala noticia. M. empezó a explicarme:

—Es un nuevo caso del síndrome de Don Quijote. ¿Recuerdas que contabas cómo se habían multiplicado en los bares y los cafés los grupos de cuatro mujeres? Bueno, ahora viene una nueva ola que es peor: Frank Underwood.

—¿Qué lo hace el antihéroe? —pregunté de nuevo.

—Es una pesadilla. En mi trabajo no tengo uno sino CUATRO nuevos Frank Underwood y TRES Claire Underwood, la esposa de Frank. Digamos que si Don Quijote salía al mundo a vivir las aventuras de un hidalgo, la misión de los Underwood es dominar el mundo para satisfacer su agenda sin importarles a quién se lleven en el camino.

—Sonaban un pelín más divertidas las de Sex & the City.

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