Fiebre amarilla vs disciplina nipona

Para un admirador declarado de la cultura tradicional japonesa no deja de ser conmovedor ver la alineación de la selección nipona frente a Colombia. Sentir el peso de una tradición milenaria, ver cómo Eiji Kawashima, el portero, bien podría haber sido un samurái en el pasado, y también pensar a lo que nuestros tiempos frívolos han reducido la herencia de los samurái. Me sorprendí al caer en cuenta de que a pesar de toda la música japonesa que escucho con frecuencia, no había oído el himno nipón. Pensé que sería un bello solo de shakuhachi, o quizás una melodía propia del gagaku, pero sonó un tema breve con clara influencia occidental.

De entrada me gustó también el planteamiento de los japoneses. No juegan como favoritos, las casas de apuestas los sitúan como últimos del grupo, aceptan su papel y asumen que llegan a jugar con dignidad, a no ser goleados y, si se presenta la ocasión, desenfundar la katana un par de veces y ver si se produce alguna sorpresa. Y así fue. (Sigue leyendo »»)

Elecciones en Colombia, un cuento de Marvel

Estaba tan aburrida la final de la Liga Europa que me puse a hacer zapping y vi fragmentos de Los Cuatro Fantásticos que me retrotrajeron a mi infancia cuando disfrutaba imaginándome con sus superpoderes. No pude ver mucho porque el ruido de la destrucción me desesperó, toda la gracia de los superpoderes está en darse más duro con el enemigo. Como la carrera armamentista o nuclear.

Las escenas que vi me hicieron pensar en las elecciones en Colombia de la próxima semana, en la que a los politólogos no nos queda más que analizar los superpoderes de los candidatos: es que él sí va a hacer lo que Él diga y va a poner orden en la casa, es el que más y mejor fuete sabe dar; es que él va a acabar con el establecimiento y la oligarquía; aquel otro modernizará las instituciones como hizo en la alcaldía de Medellín; o este otro que es el adalid de la paz, fue el que logró concretar el Acuerdo con las Farc.

Mi sobrinita a sus 9 años entiende mejor el secreto de la transformación que la política en Colombia. Me lo explicó después de afirmar que el amor es eterno. Yo, con mi experiencia de monógamo serial, le decía que cuando empezaba parecía eterno pero ya en el camino a veces terminaba diluyéndose. Ella me dijo que era eterno porque pasaba de una generación a otra; se le podría acabar a algunas parejas, pero pervivía en muchos otros corazones. Una revelación. (Sigue leyendo »»)

Isora Club

Hoy, en la serie Échale salsita, traemos como siempre un superclásico de la música cubana: Isora Club, un danzón compuesto por Coralia López y difundido por su hermano, el gran Israel Cachao López. Todo club social que se respetara en Cuba debía tener una canción que lo representara (de ahí el afamado Club Social de Buenavista), y en su época el Isora Club no era menos, como lo describe esta exquisita crónica de Rosa Marquetti Torres en su bitácora Desmemoriados.

Seguiremos el orden de versiones detallado por Rosa. Empezamos entonces con la primera versión grabada, la de Cachao, por allá a finales de los cincuenta:

Cachao — Isora Club

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Summa

En una crónica anterior contaba cómo llegué a la música de Arvo Pärt. La escuché cuando tenía alrededor de 15 o 16 años y me cambió la vida. Cuando digo esta afirmación he recibido caras de sorpresa o que me dicen que estoy exagerando. Pero es verdad y puedo elaborarlo. La literatura le envidia a la música que con unos simples acordes puede hacernos sentir una emoción intensa. Para que una obra literaria logre un efecto similar deben transcurrir muchas páginas. Cuando escuché a Pärt me cambió la vida porque me descubrió todo un universo emocional que no sabía que era posible ya con los primeros acordes. Su música me lleva a sensaciones que no puedo explorar por otro medio. Entro en trance, diría que hacia una experiencia mística.

Después de escucharlo descubrí que algo similar sucede con las personas: hay seres humanos que nos abren horizontes que no sospechábamos que existían, formas de sentir y pensar totalmente nuevas que nos atraen y nos invitan a explorarlas, compartirlas, quererlas. Podría decir que esa experiencia es la que nos lleva al amor, en esa mezcla con el deseo de querer conocer más de esa persona, de compartir más con ella. El efecto contrario es la antipatía, al rechazo de una persona por lo que nos deja ver de sí.

Mi cultivo de la música de Pärt ha sido de fanático absoluto. Colecciono todos los discos que encuentro de él y en múltiples versiones, incluyendo también la biografía musical que escribió Paul Hillier y la edición de lujo de ECM de Tabula rasa para conmemorar los 75 años del Maestro. Fuimos con F a un concierto en el Muziekgebouw aan ‘t IJ en el que se estrenaría una obra de él y la sorpresa es que él se encontraba entre el público. Cuando lo vi casi me desmayo. Me sentí como una de tantas fans histéricas de los Beatles, Bieber o Menudo. F me decía que fuera a saludarlo, pero me parecía excesivo hacerlo, así quisiera darle las gracias por todo lo que me ha dado y hecho sentir y descubrir. Pero fui prudente.

Mi más reciente hallazgo es el álbum del Cello Octet Amsterdam dedicado a Pärt. Según cita el Octeto, cuando el Maestro lo escuchó, dijo: «He descubierto diez años tarde esta joya de grupo». Desde entonces ha escrito obras para el grupo, interpretadas en este CD. Comparto con los lectores utópicos su versión de Summa, una celebración sublime para los amantes de la música de Pärt y del cello, y el enlace para comprar en línea los temas del disco:

 

Un agujero en el globo

Alguna vez le escuché a un santero que si tomaba una ducha con la intención de hacer una limpieza espiritual, el agua y el jabón serían suficientes para lograrlo. Así entré a ducharme esta mañana. Mientras me iba despojando de las malas energías me atacó esa idea recurrente de lo anecdótico que resulta el Génesis a la luz de lo que la ciencia descubre cada día sobre los seres humanos y el universo. Recordé a Clyde, un amigo gato, y lo poco que le importa la existencia de dios. Darme cuenta de que él, como toda la naturaleza, podría vivir sin ningún problema sin nosotros los humanos.

Somos prescindibles en el universo. Somos uno de tantos milagros en el universo. Todas esas vidas dedicadas al cultivo de mitos, a pasarlos de una generación a otra, como si sin ellos no pudiéramos sobrevivir. Quiero reivindicar el sexo esta mañana: nacemos de la cópula, no de las costillas ni de la mano de nadie. No se deje distraer por vanas utopías, querido lector utópico. Tire, así no se reproduzca.

Salgo de la ducha sintiéndome prescindible. Es decir, vital y liviano, consciente de que mi tiempo en este universo maravilloso es limitado. Vuelvo a pensar en Clyde, a quien no le desvela el cuento de la vida más allá de la muerte, solo qué va a comer esta tarde. Alguien dirá que esa es la diferencia entre los animales y nosotros, la capacidad de trascendencia, pero tampoco se deje engañar, apreciado lector utópico: podemos vivir momentos místicos, son parte de la vida, pero esto es lo que hay, el aquí y el ahora. No invierta su vida en acciones del paraíso. Está aquí, ya, a la vuelta de la esquina.

Con ese espíritu salgo a caminar esta tarde, un poco como Clyde, preguntándome de qué me voy a alimentar hoy. En cartelera la nueva película de Isabelle Huppert, “EVA”, me parece un buen comienzo. Lástima que no puedas acompañarme hoy, Clyde, mi amigo y hermano, en este laberinto que es la vida.