Summa

En una crónica anterior contaba cómo llegué a la música de Arvo Pärt. La escuché cuando tenía alrededor de 15 o 16 años y me cambió la vida. Cuando digo esta afirmación he recibido caras de sorpresa o que me dicen que estoy exagerando. Pero es verdad y puedo elaborarlo. La literatura le envidia a la música que con unos simples acordes puede hacernos sentir una emoción intensa. Para que una obra literaria logre un efecto similar deben transcurrir muchas páginas. Cuando escuché a Pärt me cambió la vida porque me descubrió todo un universo emocional que no sabía que era posible. Su música me lleva a sensaciones que no puedo explorar por otro medio. Entro en trance, diría que hacia una experiencia mística.

Después de escucharlo descubrí que algo similar sucede con las personas: hay seres humanos que nos abren horizontes que no sospechábamos que existían, formas de sentir y pensar totalmente nuevas que nos atraen y nos invitan a explorarlas, compartirlas, quererlas. Podría decir que esa experiencia es la que nos lleva al amor, en esa mezcla con el deseo de querer conocer más de esa persona, de compartir más con ella. El efecto contrario a la antipatía, al rechazo de una persona por lo que nos deja ver de sí.

Mi cultivo de la música de Pärt ha sido de fanático absoluto. Colecciono todos los discos que encuentro de él y en múltiples versiones, incluyendo también la biografía musical que escribió Paul Hillier y la edición de lujo de ECM de Tabula rasa para conmemorar los 75 años del Maestro. Fuimos con F a un concierto en el Muziekgebouw aan ‘t IJ en el que se estrenaría una obra de él y la sorpresa es que él se encontraba entre el público. Cuando lo vi casi me desmayo. Me sentí como una de tantas fans histéricas de los Beatles, Bieber o Menudo. F me decía que fuera a saludarlo, pero me parecía excesivo hacerlo, así quisiera darle las gracias por todo lo que me ha dado y hecho sentir y descubrir. Pero fui prudente.

Mi más reciente hallazgo es el álbum del Cello Octet Amsterdam dedicado a Pärt. Según cita el Octeto, cuando el Maestro lo escuchó, dijo: «He descubierto diez años tarde esta joya de grupo». Desde entonces ha escrito obras para el grupo, interpretadas en este CD. Comparto con los lectores utópicos su versión de Summa, una celebración sublime para los amantes de la música de Pärt y del cello, y el enlace para comprar en línea los temas del disco:

 

Un agujero en el globo

Alguna vez le escuché a un santero que si tomaba una ducha con la intención de hacer una limpieza espiritual, el agua y el jabón serían suficientes para lograrlo. Así entré a ducharme esta mañana. Mientras me iba despojando de las malas energías me atacó esa idea recurrente de lo anecdótico que resulta el Génesis a la luz de lo que la ciencia descubre cada día sobre los seres humanos y el universo. Recordé a Clyde, un amigo gato, y lo poco que le importa la existencia de dios. Darme cuenta de que él, como toda la naturaleza, podría vivir sin ningún problema sin nosotros los humanos.

Somos prescindibles en el universo. Somos uno de tantos milagros en el universo. Todas esas vidas dedicadas al cultivo de mitos, a pasarlos de una generación a otra, como si sin ellos no pudiéramos sobrevivir. Quiero reivindicar el sexo esta mañana: nacemos de la cópula, no de las costillas ni de la mano de nadie. No se deje distraer por vanas utopías, querido lector utópico. Tire, así no se reproduzca.

Salgo de la ducha sintiéndome prescindible. Es decir, vital y liviano, consciente de que mi tiempo en este universo maravilloso es limitado. Vuelvo a pensar en Clyde, a quien no le desvela el cuento de la vida más allá de la muerte, solo qué va a comer esta tarde. Alguien dirá que esa es la diferencia entre los animales y nosotros, la capacidad de trascendencia, pero tampoco se deje engañar, apreciado lector utópico: podemos vivir momentos místicos, son parte de la vida, pero esto es lo que hay, el aquí y el ahora. No invierta su vida en acciones del paraíso. Está aquí, ya, a la vuelta de la esquina.

Con ese espíritu salgo a caminar esta tarde, un poco como Clyde, preguntándome de qué me voy a alimentar hoy. En cartelera la nueva película de Isabelle Huppert, “EVA”, me parece un buen comienzo. Lástima que no puedas acompañarme hoy, Clyde, mi amigo y hermano, en este laberinto que es la vida.

Un silencio revelador

Hablaba con un amigo peruano quien consternado me decía que el récord que alcanzó Perú era el más ominoso de la historia de América Latina: los tres últimos expresidentes en prisión, y PPK caminando por el filo de la destitución y la cárcel. Le dije que no sabía cuánto envidiaba ese registro, pues nada más indigno que tener un expresidente financiado por el cartel de Cali, que con desfachatez dijo aquí estoy y aquí me quedo y en efecto se quedó. La presidencia en Colombia es una institución tan poderosa que un caso como el de Samper es posible: puede comprar a su investigador (Heyne Mogollón), como lo demostraron todos los estudios sobre el Proceso 8000.

La periodista Claudia Morales nos vuelve a confrontar con el poder (ex)presidencial en una mezcla de novela policíaca y negra. Policíaca porque mezcla las obras Diez negritos de Agatha Christie, “uno de estos seis exjefes es el violador”, con La carta robada de Poe, “jamás diré su nombre, pero hay cinco personas cercanas mías, dos de ellos periodistas, que lo saben”, blindándose en caso de que alguien quiera sepultar con ella el secreto. Y novela negra porque lo que queda en evidencia es la miseria y la maldad del poder y la condición humana.

El argumento central de Morales para guardar silencio es que su autor –como lo llamó Ángela Vicario– es tan poderoso que, si ella denunciara con nombre propio, su vida y la de su familia correrían peligro o se enfrentarían a muchas dificultades. Estamos ante un secreto a voces que nos lleva de nuevo a la desfachatez del poderoso, «¿Y qué? ¿Qué van a hacer ahora?», y nos confronta como sociedad ante la impotencia ante el poder. La separación de poderes queda entonces reducida a los libros infantiles y a los rigurosos estudios politológicos que resaltan la larga tradición democrática del país.

Los recursos del autor son innumerables. Desde cambiar articulitos de la Constitución, multiplicar por mil la fortuna de sus hijos (¿alguien recuerda las denuncias de Coronell y Gossaín y dónde está este último ahora?), nombrar acólitos en la Corte Constitucional y los demás organismos de control del Estado, estar rodeado de apóstoles o presidiarios, periodistas listos para su defensa mediática y un apoyo masivo que no dudará en calificar de fábula la denuncia de Morales. El gran colombiano, en definitiva. Claudia nos ha puesto frente al poderoso y una más de sus injusticias, ¿y qué vamos o podemos hacer ahora? Es un silencio revelador, muy revelador: a comer todos callados, colombianos. Definitivamente, para envidiar el récord de los peruanos.

Dos videoselfies

Esta mañana mi inconsciente me sorprendió en la ducha con dos videoselfies de mi adolescencia jugando basket. El primero fue de un partido contra el Helvetia. Nos estaban ganando por paliza, el final del partido estaba cerca y entró el jugador más pequeño a disfrutar de los pocos minutos que quedaban. Hicieron una buena jugada y quedó solo para hacer el doble salto. Para mí hubiera sido muy fácil bloquearlo pero decidí no hacerlo: pensé que dos puntos más en contra no eran nada y en cambio serían algo significativo para este jugador. Encestó y su felicidad fue mayúscula, celebró como Iniesta anotando el gol en la final del mundial contra Holanda.

Alguien pudo verlo como la humillación final, que hasta el más pequeño del Helvetia hubiera encestado, pero para mí habría sido peor bloquearlo y privarlo de ese pequeño instante de gloria.

El segundo videoselfie no me fue tan favorable. Me recordó un partido contra el Nuevo Reino de Granada. Mi amigo Mauricio Forero, el mejor jugador del NRG y uno de los mejores de la Uncoli nos robó un pase y salió corriendo a encestar. Cuando iba a terminar su salto doble no salté a bloquearlo sino que lo empujé para que no encestara. Todavía hoy no entiendo por qué reaccioné así. Por fortuna el empujón no fue tan bárbaro y él no se lesionó. Lo primero que hice fue disculparme con él. Me miró disgustado, pero igual me estrechó la mano. Los jueces me pidieron que me quedara quieto mientras se calmaban los demás jugadores en el otro lado del campo. Algunos querían venir a golpearme. Nunca, ni antes ni después, había hecho una falta antideportiva. Todavía me molesta recordarlo. O sí: me doy cuenta de que he empujado varias veces con mis palabras a gente que me molesta.

Los mensajes de los videoselfies son entonces claros.

The Man (22). Yerry Mina, herencia afrocolombiana

Para decirlo en la clave del Joe, poco sabían esos negreros españoles, belgas, ingleses, holandeses, alemanes y franceses lo que traían sus esclavos africanos al nuevo continente. Mientras dilataban lo más que podían el debate sobre si tenían alma o no para tratarlos como cristianos o animales, la cultura africana se iba diseminando por toda América. En las discusiones racistas extemporáneas mucho se escucha decir que los españoles nos legaron la lengua, a lo que Carlos Fuentes respondía que la hemos devuelto enriquecida, con tantos o más premios Nobel de literatura. Pero a la par hay que situar las raíces africanas que fueron parte del gran mestizaje y son un componente esencial de la identidad latinoamericana. Sin los inmigrantes africanos no tendríamos, por ejemplo, la riqueza musical que distingue a América (Jazz, tango, cumbia, son, danzón y mil ritmos más) ni esa sal particular que le da el guaguancó a las culturas donde es más fuerte la presencia afro.

En Colombia, por ejemplo, la mayor o menor presencia de afrocolombianos determina la identidad de cada región. De ahí las diferencias entre los habitantes de las costas Atlántica y Pacífica con los del interior, de los Llanos Orientales y la Amazonía. O el frío que impregna la identidad de los rolos y que se ha ido calentando con la llegada de personas de todas las regiones del país. La diferencia entre la cumbia y el mapalé con el bambuco y el pasillo, para ponerlo en términos musicales. O sociológicos: si una compositora como Mercedes Pedroso (cubana) canta en la voz de Celia Cruz tus labios son ricos / melao de caña / rica es su dulzura, en Bogotá dicen que hay que cuidarse de la melosería, esa tendencia a vencer las fronteras del espacio personal. Difícil entonces que salgan esos versos apasionados de la región andina. (Sigue leyendo »»)