Pasajes de iniciación

Anoche preparé gomasio. Lo dispendioso es triturar el sésamo al final. Mientras lo hacía, recordé a LS, la amiga que me enseñó el gomasio. Fue novia de un tío mío alérgico a los compromisos. L. trató de construir una relación con él y, como era de esperarse, entre más se acercaba, él más apatía le tomaba. De manera inesperada fui yo el gran beneficiado de los regalos que L. le hizo a mi tío.

L. sufre de una enfermedad degenerativa heredada de su familia. Su expectativa de vida era de máximo 60 años. Para vencer esta enfermedad empezó a seguir el modo de vida macrobiótico. El gomasio es la sal que utilizan, entre muchas otras particularidades. L. nos enseñó a prepararlo y desde entonces sigo su receta: tuesto una cucharada de sal marina, luego la trituro con el mortero, tuesto 15 cucharadas de sésamo, luego lo trituro mientras lo mezclo con la sal marina pulverizada hasta que quedan fundidos en un polvo fino que los japoneses llaman gomasio.

L. le regalaba música a mi tío también. Cassettes de Kitaro e Isaio Tomita. Vinilos de Arvo Pärt y Steve Reich. Todos ellos me los pasó en su afán de repeler el compromiso con L. De cumpleaños L le regaló a mi hermana el libro del Dõ-In, que heredé y cuyos ejercicios matutinos sigo practicando. Fueron a la vez la puerta a la meditación. Cuántas puertas a mundos queridos me abrió L, auténticos pasajes de iniciación.

Como era de esperarse, la relación no prosperó. Fue una separación dramática, ella lo quería mucho. De esto hace ya más de 20 años. No volvimos a saber de ella. Anoche la pensé, qué será de su vida, qué sorpresas musicales podríamos compartir hoy en día. ¿Estará viva? Voy a buscarla. Mientras la encuentro (o no), disfrutemos de uno de sus regalos: