1.
Ni se me ocurre preguntarle a Google o ChatGPT cuántos partidos habrán terminado 3-2 en la historia del fútbol. Pero sí es seguro que quienes lo vimos no olvidaremos ese 3-2 de Argentina contra Egipto en el mundial. Minuto 78 y está Argentina eliminada 0-2. ¿Es este el último partido mundialista de Messi? No merece terminar así.
2.
Vi hace poco Amarga navidad de Almodóvar. Me gustó el ejercicio de mostrar cómo el creador va elaborando su obra con la película dentro de la película. En el proceso va contando los problemas estéticos, las dudas existenciales, los conflictos propios del autor: lo hace sobre el cine, pero podría estar hablando de literatura, música, escultura, cualquier obra creativa. ¿Quizás también sobre un partido de fútbol?
3.
Alguna vez durante una sesión el psicoanalista José Gutiérrez me contó cuánto lamentaba que se hubieran retirado los cursos de ebanistería de la formación bachiller: «Es tan importante aprender el proceso creativo, la paciencia necesaria para llegar a una obra final». Un comentario probablemente inspirado por mi afán en crear una obra de arte de la noche a la mañana, sin paladear el tiempo de elaboración de una obra. A veces surge la pregunta de si era necesaria una vuelta tan larga para llegar a un momento crítico de la obra (no pocas veces he dicho a esa película le sobra una hora, a ese libro le sobran cien páginas, a esa canción se le puede quitar la introducción sin problema). No es un problema estético menor: ¿no se está alargando mucho esta entrada?
4.
¿Pero qué sería de esa última obra de Leo Messi, de ese 3-2 sin toda la preparación dramática original del 0-2 hasta el minuto 78?
5.
Una multinacional en la que trabajaba en Neerlandia abrió sucursal en Bogotá. El encargado de establecerla era un colega amigo. A su regreso le pregunté con cierto orgullo que cómo le había ido con la capacidad de los colombianos para improvisar soluciones y sacar los problemas adelante. «Es un problema —me respondió—, improvisan demasiado». Para él lo fundamental era cumplir con los protocolos de la empresa: si había problemas para realizarlos había que tratarlos dentro del protocolo: si la pizza margarita de la empresa no lleva hojitas de albahaca le piden al autor colombiano que no se las agregue, así sepa mejor: muy buena idea pero no es lo que queremos.
6.
Así ha ido exportando Europa su idea del fútbol: sistemas de ataque donde los jugadores individuales no tienen mucha o, directamente, ninguna cabida. Pienso en la Brasil de Ancelotti. En lugar de potenciar la disrupción natural del futbolista brasileño, trató de moldearlo dentro de un sistema que le había funcionado antes. El resultado no solo fue ineficaz: también sacrificó parte de la identidad brasileña. Se va imponiendo tanto ese modelo que al final parece que hemos visto el mismo partido varias veces pero con camisetas diferentes. Hasta que llegan los agentes del caos, con Messi a la cabeza seguido por Mbappe, Luis Díaz, Lamine Yamal, Olise, etc. Ahí el fútbol retoma su dimensión humana y primigenia, el goce de jugar, de pasar al otro, de encontrar la manera de romper el bloque bajo, de sorprender.
7.
El primer gol de la remontada épica argentina descolocó a los egipcios. El tiempo apremiaba, Argentina pasó a atacar con todo, Messi hizo una finta de cuando tenía 20 años y dejó tirado a Trezeguet de manera insólita y Lautaro Martínez falló en concretar la ocasión. Pero lo importante es que Messi ya estaba en la zona y se sentía el segundo gol. Llegó también por una jugada caótica en la que el balón rebota en varios jugadores para dejar finalmente una asistencia que Messi concretó con un misil imparable para el portero egipcio: la bola pasó entre sus manos. 2-2. Nunca he sufrido tanto en el fútbol como viendo a Messi: el 6-2 contra el PSG, el 3-3 de la final de Qatar 2022 contra Francia, el 3-2 de Argentina contra Egipto. Literalmente me ha llevado al borde del infarto: compartí su descarga emocional al terminar el partido. Acabábamos de ver una obra de arte magistral con un final épico.
8.
Creo que Colombia perdió su partido con Suiza antes de los penales. Murat Yakin, entrenador de los helvéticos, le ganó la partida a Néstor Lorenzo con creces: creó una maquinaria con la suficiente elasticidad para atrapar cualquier intento de ataque colombiano. Llegaron incluso a dejar que Colombia mantuviera la posesión del balón pero dentro del primer cuarto de su campo: la bola paseaba entre los defensas sin poder conectar con el mediocentro. Lucho Díaz, ese agente sublime del caos en el Liverpool y el Bayern, fue cubierto con 2-3 defensas y no tuvo mayores oportunidades para hacer su trabajo. Lorenzo no tuvo respuesta para la maquinaria suiza.
Ahora viene algo muy interesante: ¿cómo responderá Scaloni al mismo desafío? Es de esperar que los suizos preparen una megajaula para atrapar a Messi. Veremos quizás a una Argentina modelo híbrido como los carros a gasolina y electricidad: con y sin Messi. Será de nuevo un partido de entrenadores, uno tratando de dinamitar la maquinaria suiza, el otro trayendo orden al caos que puede generar Messi. Porque el fútbol perfecto quizá gane campeonatos, pero solo el caos propicia esas obras que seguimos recordando muchos años después. Al final, todos los sistemas aspiran a controlar el juego, como tanto le gusta decir a Luis Enrique. Pero Messi y los demás agentes del caos nos recuerdan que el juego todavía pertenece a los jugadores. Con todo y esto, espero que la próxima obra de Messi no me haga sufrir tanto por más sublime que sea.