The Man (27). Willie Colón, el guapo

1.

Varias veces soñé con hacer un documental dedicado a Williie Colón desde el punto de vista de un admirador y gozador de su música. Con la misma fascinación con la que miraba a los magos en mi infancia para preguntarle después ¿cómo lo hizo? Ir tema por tema. Borges compartió esa fascinación cuando escribió La memoria de Shakespeare o el mismo Javier Mascherano cuando expresó que le gustaría ser por algunos segundos Messi para saber qué se siente. Es la enorme curiosidad por saber qué pasaba en la vida de un creador cuando concebía y trabajaba en su maravillosa obra. Lo dijo García Márquez cuando se le preguntó por la existencia de Macondo: «Macondo no existe, es un estado del alma». Porque esos estados del alma son el éxtasis de la creación estética. Se va Willie, duele el corazón y paladeo de nuevo la frustración del niño al que el mago no le quiso explicar sus trucos…

2.

Solo vi una vez a Willie Colón en concierto, en Bruselas. Tenía boleta para verlo un viernes en Ámsterdam pero me enfermé y no pude ir con mis amigos. Los llamé el sábado a preguntarles qué tal había estado y me dijeron que espectacular y que lo habría disfrutado mucho. Me sentí mejor ese sábado y fui a almorzar con una amiga. Le conté de mi mala suerte con el concierto, caímos en cuenta de que esa noche se presentaría en Bruselas, hicimos cálculos de tiempo y concluimos: «Si salimos ya alcanzamos a verlo, ¿vamos?». Llamé a mi hermana a preguntarle que si nos podría recibir esa noche. Me dijo que sí y arrancamos con mi amiga. No hubo tiempo de empacar nada, le dije que comprábamos cepillo de dientes y le conseguía pijama en casa de mi hermana. Cuatro horas después estábamos cerca de la tarima esperando la entrada apoteósica de Willie.

La percusión empezó a preparar el inicio del concierto, subió Willie al escenario, gritos a tope, tomó su trombón y empezó con La murga. Perdí la noción del tiempo y espacio, entré en trance salsero y disfruté cada nota. De todos los clásicos que tocó esa noche me gusta destacar Asia, un temazo que él logro madurar con los años.

3.

Mi Spotify Wrapped de 2025 dice que escuché 441 géneros diferentes. Y entre todos ellos sé que ningún otro me puede dar lo que me da la salsa. En mi lista de Salsa dura hay varios temas con el metal del maestro Colón. Muy difícil escoger un top 10, no lo haré, varía con el estado del alma. Paso por los temas de Willie y cada uno me trae a la memoria una historia en mi vida. O de otros. Bandolera, ese tema cargado de violencia cuya letra prefiero obviar trae un solo de piano soberbio de Gilberto Pulpo Colón. El Pulpo era muy joven cuando tuvo la oportunidad de tocar con Willie y Héctor Lavoe; Willie le mostró en dónde debía improvisar su solo, «pero si aflojas te corto». El Pulpo estaba supernervioso pero se fajó un solo para la historia. O la historia que me contó mi amiga MP, trombonista, sobre la diferencia entre el trombón de válvulas y el de vara. Willie viajaba siempre con un trombón de válvulas exclusivamente para interpretar Idilio. O la relación imposible al final con Héctor que lo llevó a empezar a cantar. O la imposibilidad de conectar con una holandesa bailando Ah ah, oh no

A los colombianos nos queda el gratificante cumplido que nos han hecho Willie y otros músicos boricuas: «Los músicos salseros le debemos mucho a Colombia. En los últimos años es donde más tocamos. La conexión de los colombianos con nuestra música es increíble, subir a la tarima y sentir esa energía es el sueño de todo músico». Como A. puedo decir que no solo he disfrutado la salsa, he aprendido a sentir y vivir con ella. Y Willie Colón siempre tendrá mi agradecimiento. Descanse en paz, maestro.

Agente naranja

La pregunta qué hacer con Venezuela llevaba 20 años sin respuesta y se hizo más acuciante después del robo de las elecciones por parte de Maduro. El sábado pasado Trump decidió responderla a su manera secuestrando a Maduro en una acción que dejó al menos 80 personas muertas. Lo que nadie esperaba es que amaneciéramos con una nueva pregunta más grave aún: ¿qué hacer con Trump?

Swift decía que Los viajes de Gulliver era una sátira para adultos que injustamente terminó siendo un libro de aventuras para niños. Hoy, cuando la flota estadounidense estacionada frente a las costas del Caribe venezolano nos recuerda a David y Goliat, es hora de que empecemos a imaginar alternativas de cómo los liliputienses sujetaron a Gulliver, cómo la unión global de los Davids puede tratar de hacerle frente a Goliat.

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Lluvia o Agua que cae del cielo

A pesar de que la serie Échale salsita es en esencia un homenaje a la música cubana tuve hace poco un debate con un amigo cubano que insistía en que la salsa no existe, que es puro son cubano. Bueno, aquí le comparto otro ejercicio de cómo se le echa salsita a un son con el superclásico Agua que cae del cielo de Son 14, en la voz del gran Tiburón Morales:

El gran Willie Rosario le pidió al maestro Adalberto Álvarez, compositor del tema, un arreglo para su banda. El maestro Álvarez le echó bastante salsita y este es el resultado, Lluvia:

Entonces, sí, la salsa le debe casi todo al son, pero es otra cosa, tiene sus propios ingredientes y sonoridad. Qué duda queda de que un maestro cubano puede hacer son cubano y gran salsa. Difícil escoger entre ambas versiones.

Juguetes

Hoy he recordado algunos juguetes de infancia:

1. Helicóptero

Vi un comercial de un niño jugando con un helicóptero que volaba en su habitación. Se lo pedí al Niño Dios. Cada día le preguntaba a mi mamá que si llegaría, ella me respondía con una sonrisa que sí. Finalmente llegó la gran noche, casi no pude dormir. Empecé a abrir regalos a la búsqueda del helicóptero, hasta que lo encontré. No era el que aparecía en la tele. Empecé a berrear de manera descontrolada. Mi papá intentó ponerlo a funcionar con la esperanza de que el cambio de luces y los sonidos que producía compensaran que no volaba. No cesaba de berrear, «¡ese no es, no es!». Un pobre tío que veía la escena salió de mi cuarto con cara de lamento y dándole una palmada a mi papá.

Tardé muchos años en entender por qué lo consolaba a él y no a mí. Cuando finalmente lo comprendí sentí vergüenza aunque no me torturé por mucho tiempo: era un niño desilusionado que no sabía manejar su frustración, incapaz de ver el esfuerzo que representaba para sus padres dar ese helicóptero de regalo. Fue una oportunidad perdida para aprender la gratitud en ese momento. Con el tiempo le cogí cariño al helicóptero y me encargué de hacerlo volar.

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Un regalo de infancia amargo y dulce

Mientras desempolvo esta humilde Bitácora Utópica del descuido y el olvido pienso con cierta indignación cómo tanta gente sigue teniéndole aversión a la palabra utopía; la siguen percibiendo como una fantasía rosa producida por Disney. Me indigna más ahora que estamos viendo cómo la utopía de Netanyahu y sus radicales ultraortodoxos de extrema derecha se está haciendo realidad: una Israel sin palestinos, qué cuentos de dos Estados. Por no hablar de ese batiburrillo de Trump que no clasifica ni a fantasía infantil. Pero para aquellos que siguen viendo la utopía como una fantasía rosa inalcanzable ahí tienen un genocidio para pulverizar esa idea. El lado oscuro, tenebroso, de las utopías. Por eso es tan importante saber escogerlas.

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