
Me asaltó entonces otro momento filosófico: siendo autos tan fuertes, ¿necesitaría un martillo para destruir una burbuja? En tiempos de la modernidad líquida un alfiler debería de ser suficiente y esto fue lo que sucedió en Bogotá reciéntemente: dos alfilerazos bastaron para estallar un par de burbujas que flotaban sobre la ciudad. Nietzsche estaría maravillado ante tan sutil eficacia.
El primero, que ser millonario y de clase alta no garantiza la sanidad mental (parece que mucha gente así lo creía); el segundo, que un doctorado no convierte a su portador en humanista, que leer mucho no garantiza discusiones pedagógicas o elaboradas. Los bogomelos (y sus aspirantes) siguen desplazándose en la seguridad de sus burbujas 4 x 4 de matrícula millonaria cuando basta un pequeño alfiler de la realidad para disolverlas, cuánta fragilidad.
La mía estalló en mis manos, sin necesidad de alfiler, y con ella pasó el ataque filosófico.
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os medios de comunicación en Colombia señalaron la similitud tipográfica entre algunos de los afiches de la película con el de los edificios Equus en Chapinero en Bogotá, a la que también habría que agregarle una de las más conocidas revistas dedicadas al mundo equino. De todas las cosas que se han mencionado de Rafael Uribe, el joven arquitecto que diseñó los edificios, no aparece su gusto por la equitación, luego es plausible pensar que efectivamente el nombre de los proyectos está relacionado con la película. 