El alfiler y la burbuja

Máquina de escribir

Esta mañana, mientras me bañaba, el champú produjo una enorme pompa de jabón, una burbuja de unos 7 centímetros de radio. Me recordó ese humor bogotano con el cual los habitantes de la calle bautizaron las camionetas 4 x 4: burbujas.
Me asaltó entonces otro momento filosófico: siendo autos tan fuertes, ¿necesitaría un martillo para destruir una burbuja? En tiempos de la modernidad líquida un alfiler debería de ser suficiente y esto fue lo que sucedió en Bogotá reciéntemente: dos alfilerazos bastaron para estallar un par de burbujas que flotaban sobre la ciudad. Nietzsche estaría maravillado ante tan sutil eficacia.
El primero, que ser millonario y de clase alta no garantiza la sanidad mental (parece que mucha gente así lo creía); el segundo, que un doctorado no convierte a su portador en humanista, que leer mucho no garantiza discusiones pedagógicas o elaboradas. Los bogomelos (y sus aspirantes) siguen desplazándose en la seguridad de sus burbujas 4 x 4 de matrícula millonaria cuando basta un pequeño alfiler de la realidad para disolverlas, cuánta fragilidad.
La mía estalló en mis manos, sin necesidad de alfiler, y con ella pasó el ataque filosófico.

%CODE1%

Equus, o el horror revisitado

Peter Shaffer, caminando con un amigo, comentaba el caso de un joven adolescente que había dejado ciegos a seis caballos cerca de Suffolk, en Inglaterra, en 1973. «¿Qué pudo llevar a ese joven a cometer ese crimen?», le preguntó el amigo. Shaffer prometió escribir una obra que sirviera como respuesta. El resultado fue Equus, una obra de teatro impactante que nos confronta con el sentido de la rehabilitación y el cambio a través de la terapia, del ejercicio por normalizar a una persona para que se adapte a la convivencia en sociedad: «¿No pierde su identidad el paciente al ajustarlo para que sea uno más del montón?», se pregunta el psiquiatra Martin Dysart, encargado de tratar al joven Alan Strang, cuyo apellido evidentemente es un juego de palabras con Strange.

Sidney Lumet llevó la obra al cine y nos dejó una película fuerte, en términos de impacto emocional, en esa confrontación con la locura inexplicable. Ya decía Erich Fromm que la principal tarea del ser humano es mantenerse cuerdo, y la historia del joven Alan Strang nos lleva a explorar las consecuencias de fallar en esa tarea.

Varios medios de comunicación en Colombia señalaron la similitud tipográfica entre algunos de los afiches de la película con el de los edificios Equus en Chapinero en Bogotá, a la que también habría que agregarle una de las más conocidas revistas dedicadas al mundo equino. De todas las cosas que se han mencionado de Rafael Uribe, el joven arquitecto que diseñó los edificios, no aparece su gusto por la equitación, luego es plausible pensar que efectivamente el nombre de los proyectos está relacionado con la película. (Sigue leyendo »»)

¡¡Qué sabroso!!

Máquina de escribir

Mucho se ha hablado de la tendencia que tenemos los latinos de asociar las experiencias placenteras, sexo incluido, con expresiones gastronómicas. Esta mañana, mientras me duchaba, escuchaba un set de Jimmy Sabater. Envidié su voz, la facilidad con que sube y baja de tonos, no por nada un álbum de Joe Cuba lo bautizó como “la voz de terciopelo”.
Seguía en el coro su versión de “Salchicha con huevo” y cuando Jimmy grita: “¡Qué sabroso!” me atacó un instante filosófico. Se me ocurrió la hipótesis de que el mayor aporte de la filosofía latinoamericana al mundo es la categoría del sabor, de la sabrosura (la salsa incluida) y que alcanza su cota superior cuando se puede gritar “¡¡Qué sabroso!!” como expresión de supremo gozo.
Vivir varios años en culturas que no conocen la expresión “Qué sabroso” es la mejor señal que tengo de que esta hipótesis debe ser trazada. Me gusta también su conexión con el alma, pues lo sabroso, la sabrosura, expresa sobre todo una experiencia sensible, lejos de los discursos de la razón, algo que ningún doctorado puede enseñar.
Como generalmente sucede, salí de la ducha y pasó el momento filosófico. Disfrutemos entonces ese reporte de fuego en el 23 de la voz de terciopelo:

%CODE1%

Salchicha Con Huevo Jimmy Sabater Con Sabor Boricua

Asia

Aún dentro de la excelsa discografía de Willie Colón, la canción Asia es excepcional por su estilo, al igual que Sevillana. El desarrollo del tema hacia la mitad de la canción toma un giro liberador increíble, el bailador se siente navegando en el mar de agua y viento hacia Asia.

LS le dio un punto a Deezer (y Napster) porque tenía esta canción, no Spotify ni Google Play.  Yo le doy más puntos a Youtube por traer las versiones en vivo y muchísimos más a LS porque su corazón vibra con esta canción, eso dice mucho de ella (por eso te amoro, ve).

Hoy en la serie Échale salsita traemos dos versiones de Asia, la original y una de las que interpreta ahora en vivo el maestro Colón, donde destaca la madurez de la voz de Colón, que le da mucho más sabor, la supresión de efectos superfluos y el corito dulzón, y más potencia en los vientos y la percusión. A atender el llamado de Asia, melómanos utópicos:

Versión original:

Versión en vivo (el sonido podría ser mucho mejor):

Asia (en vivo) - Willie Colon HD