Autodefensas

1.

A veces Colombia se me parece a un rompecabezas por armar en el que las piezas conforman un caos pero en el que sabemos que cada una tiene su lugar para conformar un todo armónico. Muy a veces.

2.

No sé si será una idea original de Santo Domingo, la decía con mucha gracia: «Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y dispara». Una ocurrencia que hizo escuela en los principales grupos económicos del país, los cacaos: todos se armaron con su medio de comunicación.

3.

En la universidad solía llamar a Semana “Quincena”, porque las noticias que traía en una edición había que completarlas con las rectificaciones a la semana siguiente. Era también un ojo al poder: gracias a los estudios estructurales, de larga duración, y los de coyuntura que hacíamos en ciencia política, era posible identificar desde dónde miraba la realidad la revista y las motivaciones de sus editores. Con todo era uno de los mejores esfuerzos por hacer periodismo y análisis con cierta profundidad de la realidad colombiana. Todo esto se ha desvanecido desde que se volvió el revólver de la familia Gilinksy o, peor, la pistola de agua con la que juega el hijo del magnate.

4.

La dificultad para armar el rompecabezas está en cómo estos cacaos se apropian de las piezas para hacer el cuadro que quieren. El caos controlado les favorece. La inversión en sus juguetes de autodefensa es cada vez menor porque estimulan el corte y pega de las agencias internacionales.

Ser politólogo en Colombia es una tarea muy difícil: o se acomoda uno al poder (los más sensatos dirán que «para cambiarlo desde adentro») o se acostumbra a hablar en voz baja o en lugares donde mantenerse atrincherado de los arrebatos de los dueños del país.

Los periodistas quizás lo tienen más difícil. En un país donde los monopolios fueran ilegales muy probablemente habría una agencia de noticias como la BBC con la tarea de informar de la mejor manera a los ciudadanos independientemente de quién esté en el poder o de los poderosos del país. Ejercer el periodismo sería un trabajo apasionante. Pero Cundinamarca no es Dinamarca.

5.

En mi última visita a Bogotá iba teniendo un ataque de pánico al ir a visitar mis librerías favoritas y descubrir que la mayoría ya no existía. Por fortuna aún hay utópicos que se encargan de mantener algunas vivas o crear nuevas. Pero con los medios el escenario empieza a parecer un desierto total. Son más necesarios que nunca, pero esa es otra partida que hemos perdido con la voracidad de los cacaos, todos ahora con licencia para disparar. Aquí encuentro mi utopismo vulnerado y pienso que ese rompecabezas no se terminará de armar nunca.