1.
Varias veces soñé con hacer un documental dedicado a Williie Colón desde el punto de vista de un admirador y gozador de su música. Con la misma fascinación con la que miraba a los magos en mi infancia para preguntarle después ¿cómo lo hizo? Ir tema por tema. Borges compartió esa fascinación cuando escribió La memoria de Shakespeare o el mismo Javier Mascherano cuando expresó que le gustaría ser por algunos segundos Messi para saber qué se siente. Es la enorme curiosidad por saber qué pasaba en la vida de un creador cuando concebía y trabajaba en su maravillosa obra. Lo dijo García Márquez cuando se le preguntó por la existencia de Macondo: «Macondo no existe, es un estado del alma». Porque esos estados del alma son el éxtasis de la creación estética. Se va Willie, duele el corazón y paladeo de nuevo la frustración del niño al que el mago no le quiso explicar sus trucos…
2.
Solo vi una vez a Willie Colón en concierto, en Bruselas. Tenía boleta para verlo un viernes en Ámsterdam pero me enfermé y no pude ir con mis amigos. Los llamé el sábado a preguntarles qué tal había estado y me dijeron que espectacular y que lo habría disfrutado mucho. Me sentí mejor ese sábado y fui a almorzar con una amiga. Le conté de mi mala suerte con el concierto, caímos en cuenta de que esa noche se presentaría en Bruselas, hicimos cálculos de tiempo y concluimos: «Si salimos ya alcanzamos a verlo, ¿vamos?». Llamé a mi hermana a preguntarle que si nos podría recibir esa noche. Me dijo que sí y arrancamos con mi amiga. No hubo tiempo de empacar nada, le dije que comprábamos cepillo de dientes y le conseguía pijama en casa de mi hermana. Cuatro horas después estábamos cerca de la tarima esperando la entrada apoteósica de Willie.
La percusión empezó a preparar el inicio del concierto, subió Willie al escenario, gritos a tope, tomó su trombón y empezó con La murga. Perdí la noción del tiempo y espacio, entré en trance salsero y disfruté cada nota. De todos los clásicos que tocó esa noche me gusta destacar Asia, un temazo que él logro madurar con los años.
3.
Mi Spotify Wrapped de 2025 dice que escuché 441 géneros diferentes. Y entre todos ellos sé que ningún otro me puede dar lo que me da la salsa. En mi lista de Salsa dura hay varios temas con el metal del maestro Colón. Muy difícil escoger un top 10, no lo haré, varía con el estado del alma. Paso por los temas de Willie y cada uno me trae a la memoria una historia en mi vida. O de otros. Bandolera, ese tema cargado de violencia cuya letra prefiero obviar trae un solo de piano soberbio de Gilberto Pulpo Colón. El Pulpo era muy joven cuando tuvo la oportunidad de tocar con Willie y Héctor Lavoe; Willie le mostró en dónde debía improvisar su solo, «pero si aflojas te corto». El Pulpo estaba supernervioso pero se fajó un solo para la historia. O la historia que me contó mi amiga MP, trombonista, sobre la diferencia entre el trombón de válvulas y el de vara. Willie viajaba siempre con un trombón de válvulas exclusivamente para interpretar Idilio. O la relación imposible al final con Héctor que lo llevó a empezar a cantar. O la imposibilidad de conectar con una holandesa bailando Ah ah, oh no…
A los colombianos nos queda el gratificante cumplido que nos han hecho Willie y otros músicos boricuas: «Los músicos salseros le debemos mucho a Colombia. En los últimos años es donde más tocamos. La conexión de los colombianos con nuestra música es increíble, subir a la tarima y sentir esa energía es el sueño de todo músico». Como A. puedo decir que no solo he disfrutado la salsa, he aprendido a sentir y vivir con ella. Y Willie Colón siempre tendrá mi agradecimiento. Descanse en paz, maestro.
El perfil podría titularse también El ojo de Estambul, como se le conoció en vida a Ara Güler, porque al fin y al cabo retrato de una pasión es un lugar común para referirse a creadores que han hecho una obra significativa siguiendo su pasión. En el caso de Güler se puede hablar del joven que descubre la fotografía en su adolescencia y empieza a caminar por el mundo tomando fotos sin parar. Descubrió las portadas de Life y encontró su vocación: el fotoperiodismo. Se dijo a sí mismo que eso era lo que él quería hacer y aprendió sobre la marcha cómo hacerse fotoperiodista. Lo logró tan bien que la por entonces recién creada Agencia Magnum lo escogió como su hombre en Turquía.
La historia parece la trama de una de las primeras novelas del escritor griego Petros Márkaris. El protagonista se encuentra una hebra, un fleco que no cuadra en la escena, empieza a tirar de él y se termina topando con una madeja de corrupción que es más grande que el país entero. Cuando el ahora difunto Jorge Enrique Pizano empezó a investigar las primeras señales de corrupción en la Rutal del Sol II como parte de su trabajo de auditor, no tenía la más mínima sospecha del agujero negro que terminó cobrándose su vida y la de uno de sus hijos. Se necesitó que la justicia estadounidense se impusiera sobre la empresa gigante brasilera Odebrecht, con tentáculos en casi toda América Latina, para confirmar sus hallazgos como auditor de la firma.
Recuerdo también el viaje en 2008 a Nueva York cuando me enteré de que la revista Gramophone había nombrado a la orquesta del Concertgebouw como la mejor del mundo. Guardo ese ejemplar con mucho cariño. Con el tiempo me volví abonado de la orquesta y sonrío cada vez que veo mi tarjeta de miembro. La selección del conductor de la orquesta es siempre tema de Estado. La llegada de Daniele Gatti como sucesor de Mariss Jansons fue acertada y muy celebrada. Apenas pude verlo en tres conciertos, pero me dejó muy impresionado, un dirigente de clase y talento extraordinarios.