Caminamos alrededor de 35 kilómetros y estamos a casi 2.800 metros. El paso de Alejandro estaba imposible, terminé exhausto. Parece que quiere recuperar los dos días de convalecencia, tengo que decirle que en verdad no hay afán y que está loco si cree que voy a caminar 11 horas seguidas hoy también. Logré que descansáramos hasta las 9am, dormí profundo pero ya sé que en cuestión de días tendré ampollas en los pies. El páramo empieza a darnos lentamente la bienvenida: la ropa está muy fresca, es casi un baño natural vestirse con ella. Ya vimos a Montegat a la distancia. Los pastores muy amables con nosotros nos regalan leche fresca de sus cabras. Las niñas están muy abrigadas a pesar del sol candente. Tienen la piel curtida. Cuando una de ellas se arremanga el saco para tomar un poco de agua de una fuente, aparece un antebrazo casi blanco, brillante.
Alejandro está feliz con las fotografías del viaje.
II
Estamos listos para partir. Compramos provisiones para la caminata de dos días hasta Montegat, el último pueblo antes de ir hacia la Laguna Negra.
La dueña del hostal trata de disuadirme de ir a la Laguna, insiste en que allá hay fantasmas y son pocos los caminantes que han regresado con vida. Una más de las leyendas que la rodea y de las que nos vamos enterando a lo largo del camino. Ni Alejandro ni yo les damos importancia. Hemos recorrido ya bastantes caminos y senderos a pie y salvo casos de delincuencia común, no nos hemos encontrado ni fantasmas ni espíritus ni nada similar. Revisamos la cantidad de agua y me alegro de ver a Alejandro lleno de entusiasmo, como siemspre.
I
Alejandro está hoy un poco mejor con sus problemas de indigestión. La enfermera que lo está atendiendo nos recomienda que esperemos un par de días más para que se recupere por completo. Lo dejé en el Centro de Salud y fui a dar una caminata por los alrededores del pueblo. El clima está fantástico: cielo azul, completamente despejado, el sol no está muy fuerte y parece que así seguirá el resto de la semana. Hablé con algunos campesinos y ya temen la sequía, aunque confían en que va a llover en cualquier instante. Ojalá que no, las montañas se ven hermosas con esta luz: es increíble cuántos tonos de verde y amarillo tienen.
Antes de irme al hostal, paso a charlar un rato con Alejandro. Lo noto bien de ánimo y le digo que no tiene que preocuparse, que vamos bien de tiempo, que en el peor de los casos pasaremos dos días menos en la Laguna Negra, pero lo importante es que se recupere.
Paz preventiva
La visita sorpresa de George W. Bush a sus tropas la semana pasada simboliza muy bien de qué se trata su guerra. Esta semana nos enteramos de que el suculento pavo que les ofreció de Día de Acción de Gracias a sus soldados era de plástico… Un símbolo perfecto de las mentiras de Bush: un plato en apariencia muy apetitoso (como Irak), no es más que una ilusión que solamente sirve para tomarle una bonita foto que circule alrededor del mundo para que confirme qué bueno es él.
Pero no todo es negativo ante esta nefasta masacre iraquí. Al menos hay 3 puntos favorables a destacar:
1. La doctrina de la paz preventiva prevalece sobre la de la guerra preventiva.
Ya sabemos que Schwarzenegger es el ícono de una sociedad que cree que los héroes de sus películas son buenos para gobernar también. Tantas películas sobre el poderoso ejército estadounidense venciendo a los malos alrededor del mundo les hicieron creer que las guerras terminan con la victoria militar, con los créditos que ruedan al final. Bush declaró el final de la guerra contra Irak hace más de 6 meses, y desde entonces, ha perdido muchos más soldados que durante la misma. La conclusión es obvia: el mundo real no se parece al de las películas de Hollywood, como lo sabe cualquier espectador normal pero que el gobierno estadounidense actual parece ignorar.
De hecho, la doctrina de la guerra preventiva se basa sobre esa interpretación errónea de la realidad: los Republicanos creen que por tener el ejército más poderoso del mundo van a derrotar por la vía armada a sus enemigos, y para bien de todos, los casos de Irak y Afganistán demuestran que los problemas que les plantea el terrorismo se resuelven a través de la inteligencia y la diplomacia, no del abuso de la fuerza. En otras palabras, hay que darle una oportunidad a la paz, y no simplemente porque sea preferible la paz a la guerra: las invasiones de Irak y Afganistán han traído la sensación de que al-Qaeda tiene motivos para atentar contra Estados Unidos y sus aliados. Nada peor que dar motivos a los terroristas para justificar sus acciones. Este es sin duda alguna el peor error de la invasión estadounidense a Irak. Como dijo un Demócrata con bastante agudeza: ahora sí puede decir Bush que hay un claro enlace entre Irak y al-Qaeda, pues con tantos soldados gringos caminando por Irak, no hay duda de que los terroristas de al-Qaeda han encontrado una oportunidad única para golpear de nuevo a los EE.UU.
2. La concepción unipolar del mundo tiene limitaciones muy claras y la ONU es más relevante que nunca.
De lo primero que se aprende en un seminario de Política Internacional es que las relaciones entre los países están mediadas por el poder, no por la ley ni la justicia. Al contrario, la ley y la justicia internacionales se limitan a formalizar esta realidad. La maravilla de las Naciones Unidas es que son el primer esfuerzo planetario por crear un organismo para mantener el equilibrio y la paz mundial. La ONU hizo todo cuanto le fue posible por prevenir el error estadounidense con Irak. De hecho, sus inspectores de armas químicas y nucleares (¿se acuerdan de Hans Blix?) lucharon hasta el último momento por demostrar que las famosas armas de destrucción masiva no existían en Irak. Casi un año después, el desastre iraquí confirma lo que ellos afirmaban. ¿Podrá Estados Unidos lanzarse a un error similar en el futuro sin atender a la ONU y sus aliados principales?
Confiemos en que aprenderá la lección iraquí, aunque no por nada los Estados Unidos se oponen a la firma de los acuerdos que le están dando la base a la comunidad internacional para mantener al mundo en paz y caminando hacia la democracia. Estados Unidos no permite la extradición de sus ciudadanos, por ningún motivo, no firmó tampoco su reconocimiento a la Corte Penal Internacional (y de hecho obligó a casi todo el mundo a que los excluyan de este convenio) y se saltó todos los controles de la ONU. ¿Cómo esperar que los líderes genocidas firmen sus propias sentencias? Pero el resto del mundo va relativamente por buen camino. No es lo mismo una sociedad en la cual los crímenes de los serbios (Milosevic) queden en la impunidad a otra en la cual se les juzga por los crímenes de lesa humanidad. Hay, evidentemente, un progreso, aunque no tan ideal como para pensar que algún día podremos llevar a Bush, Rumsfeld, Powell, Wolfowitz y Rice, entre otros, al mismo tribunal.
3. La globalización de la opinión pública.
En todo el mundo se dieron manifestaciones en contra de la guerra y la invasión de Irak. En el mismo Estados Unidos está creciendo la opinión pública que afirma que fueron engañados para ir a la guerra y que sus tropas deberían regresar cuanto antes. Los líderes de los países invasores saben ya que no la tienen tan fácil, que la maravilla de las sociedades democráticas es que la gente está cada vez más preparada para comprender qué es lo que sucede en el mundo y cuáles son las posiciones que pueden asumir según lo que entienden. Nunca faltará la gente apolítica, interesada solamente en que nadie entre a pisar las flores de su jardín, pero todo este capítulo iraquí ha demostrado que por fortuna son una minoría y que la mayoría se ha pronunciado en contra del abuso del poder, del desequilibrio del orden internacional y de la manipulación oratoria para cometer crímenes de lesa humanidad.
La globalización de la opinión pública crea también un fenómeno de solidaridad planetario, pues los manifestantes saben que no están solos en las calles en que se manifiestan sino conectados con personas que comparten su misma posición alrededor del mundo. Es decir, hoy ya no se puede decir lo mismo que da igual salir o no salir a una manifestación. Hasta una figura de la importancia como Ken Livingstone, alcalde de Londres, puede darse el lujo de autorizar las marchas de protesta contra Estados Unidos y decir abiertamente que Bush es el peor terrorista que conoce la humanidad: la opinión pública nacional e internacional lo apoyan.
¿Cómo irá a terminar la invasión de Irak? Difícil pronosticarlo. Pero hacia el futuro, este error fatal de Bush podrá marcar una oportunidad única para que Estados Unidos recupere un liderazgo positivo en el mundo y ayude a consolidar el orden internacional. Si el 11 de septiembre marcó el inicio de la doctrina de la guerra preventiva, también está a tiempo de convertirse en el inicio de la doctrina de la paz preventiva.
La siesta
Mi abuelo nació en Ituango, hacia 1914; mi abuela, en Puerto Valdivia, en 1920, ambos pueblos antioqueños muy pequeños. Su primera hija, mi tía Amparo, nació en Berlín, no la capital alemana sino otro pueblito antioqueño. Mi madre Isabel fue la primera bogotana de esta familia paisa. De niños vivíamos cerca de la casa de los abuelos. Pasábamos varias tardes en su casa y la convivencia con ellos me enseñó la cultura antioqueña. Con mi abuelo salíamos a caminar, lo acompañaba a los cafés a escuchar música, beber aguardiente con sus amigos y ocasionalmente jugar cartas. Pero el día que vi en todo su esplendor la obra de Fernando Botero fue cuando me encontré con su cuadro «La siesta»: de inmediato vi a mi abuelo cabeceando después del almuerzo. Esa emoción compartida con la pintura de Botero me enseñó la dimensión estética de su obra, si por estética se entiende más que la búsqueda de la belleza, la afección de las emociones del ser humano. Botero tocó mi corazón, y desde entonces no ha dejado de
hacerlo.
Visité el domingo pasado el último día de su exposición en La Haya. De entrada me sentí en casa: el primer cuadro era los bailadores de Tango, y aunque no aparece la palabra Tango en el título del cuadro, es la música que se escucha en los cafés tradicionales antioqueños, en los que abrieron en Bogotá sus descendientes paisas y en últimas es lo que definitivamente están bailando por la forma en que la mujer arrastra su pie siguiendo la mano del hombre en su espalda. De tanto acompañar a mi abuelo, recuerdo varios tangos de aquellos.
Luego venía una sorpresa inesperada: un retrato de Giacometti, el maestro antípoda de Botero, pues sus caminantes son el reflejo inverso de la búsqueda del volumen de Botero. Comprendí la magnitud de la exhibición cuando me giré y vi a Napoleón y Josefina, dos de sus obras más valiosas. Pero igual, todo seguía siendo ese paseo guiado que Botero, como gran anfitrión paisa, hacía por el mundo de nuestros antepasados, de una Antioquia que todavía puede encontrarse en la Colombia de 2003 aunque haya que caminar bastante para verla.
Los paisas son en su mayoría personas muy amables y encantadoras, y Botero no es una excepción: la sensualidad de sus cuadros y la bella amabilidad de los colores de su paleta tienen un origen inconfundible. Su sentido del humor también es una herencia antioqueña, muy elegante sin dejar de ser picante, saleroso. ¿Qué sería de esa bella pera monumental sin ese gusanillo que se ha paseado por ella mientras el pintor hacía su obra y sale al final agotado del festín y del viaje? ¿O de la Noche sin esos diablos y diablitas que rondan por la ciudad?
La vanidad de la mujer antioqueña también aparece varias veces en los cuadros de la exposición. Que hoy en día Medellín sea llamada Silicon Valley por la cantidad de mujeres que caminan con balones de silicona en el busto, las nalgas y quién sabe por cuáles otras partes, tiene raíces centenarias: todo con tal de verse muy hermosas, porque como dice una amiga paisa, la competencia está dura.
Esto me hace pensar que hay un tema en particular que no he encontrado en la obra de Botero: la seducción por la palabra de la que son susceptibles las antioqueñas. El cuadro más aproximado es La carta. Ya nos parece una época remota, pero antes del correo electrónico, estas cartas eran fundamentales para mantener viva la llama del amor. Recuerdo en especial que cuando aprendí a escribir le llevé de regalo una tarjeta del día de la Madre a Rosita. A mitad de la carta ella se lanzó a llorar, conmovida por la ternura de ver a su nieto leyéndole un poema. A mí me desconcertó y hoy sé que ese fue mi primer fracaso literario: el poema era una historia de aventuras entre ella y mi abuelo con una rosa a caballo (como fiel lector de El Llanero Solitario) cuyos pétalos se caían por el afán de la estampida furiosa hacia las montañas. Traté de crear un efecto cómico y por lo mismo no entendía que mi abuela llorara desconsolada… Tiempo después supe –gracias a su primer libro de poemas– que mi abuelo llegaba a cortejarla a caballo, en un «percherón blanco de inmaculada belleza» (igualito a Plata, el del Llanero Solitario). Me imagino que también le llevaría rosas cuyos pétalos se perdían corriendo a galope hacia las montañas y que el poema que le dedicaba le traía la reminiscencia de aquellos años mozos.
A pesar de todas las críticas que recibe Botero por su gran éxito mundial tanto a nivel de popularidad como económico, para quienes conocemos y compartimos sus raíces y orígenes, sigue siendo un narrador más de la familia que nos sorprende con las historias de sobremesa que trae cada vez que sale a la calle a ganarse el pan. Tal como lo hacía mi abuelo…