¡Soy el Terror!

Nueva York en los setenta. La salsa está caliente y, como sucede con el fenómeno de la realidad virtual hoy en día, el mercado exige contenidos para seguir desarrollándola. Los jóvenes salseros se lanzaban ávidos al baúl de la música cubana para encontrar temas a los cuales pudieran echarles salsita. Hoy nos encontramos con dos arreglos de un tema clásico de Arsenio Rodríguez, Soy el Terror, uno sazonado por la Orquesta Harlow (1972), y otro por Roberto Roena y su Apollo Sound (1971); sean los salsófilos utópicos los que escojan cuál plato prefieren. Empezamos con la versión original:

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Matrix, origins (2): Everybody can be an artist in the Net

Conocí a D., joven millennial, con quien tuve la oportunidad de comentar mis impresiones sobre la vida en la Red. Cuando le pregunté que si era cierto que los jóvenes de su edad escogían sus destinos turísticos dependiendo de qué tan buenos fondos serán para su Instagram, me dijo: «Espera un momento, estás reventando mi burbuja: soy muy serio con mi Instagram, le dedico mucho tiempo y esfuerzo. Para mí es fundamental escoger buenas locaciones para mi fotografía».

Después de ver su Instagram no hay duda sobre su dedicación y compromiso con su arte. Aunque también me confesó algo que me dejó boquiabierto: «Si una foto no recibe suficientes me gusta, la borro: la falta de me gusta significa que la foto probablemente no es tan buena como yo creo y es mejor borrarla. También siento algo de pena si alguien viene a ver mis fotos y no tienen suficientes likes». No pude contenerme y decirle que me parecía que este era un criterio masoquista: si él la había publicado en primer lugar es porque consideraba que tiene un valor, eso debería ser suficiente: «No puedes anticipar cuándo llegará alguien a quien le gusto incluso más que a ti». (Sigue leyendo »»)

Achilipú

(Actualizado 2/10/18 para incluir otra versión gracias a Cata Unigarro)

Fue en una cueva del Albaycín donde me enteré de que Achilipú es un tema emblemático de la rumba catalana y no un original del Gran Combo de Puerto Rico, que era la versión que yo conocía hasta ese momento. Sonaba en la voz de su intérprete original, Dolores Vargas, más conocida como La Terremoto, la reina de la morería, título que le cambió el Gran Combo por reina de la vida mía. Fue compuesto por Felipe Campuzano y José Castellón, esposo de La Terremoto, en 1970. Al año siguiente el Gran Combo lo versionó en su mítico album De punta a punta, cuando introdujo el trombón de Fanny Ceballos (quien tocó durante 21 años con la orquesta con su tono tan distintivo) y fue el primer tema.

Como parte de la serie Échale salsita escucharemos estas dos versiones más la de Fruko y sus tesos, años posterior a la de la versión del Gran Combo, y otra rescatada por mi amiga Catalina Unigarro. Empezamos con la versión original:

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Matrix, origins: An instagrammable life

Siguiendo una reflexión budista, aquella que dice que lo que nos sorprende del mundo exterior nos sirve para hacer un puente con nuestro interior, empecé la serie El arte del selfie como el arte de reflejarse en la imagen, en franco contraste con el culto narcisista de la autoimagen. La serie tuvo un origen anterior: el deseo de retratar a las personas antes, durante y después de un selfie, captar ese momento en el que le decimos a la cámara cómo somos de cool y felices, como estas protagonistas anónimas cerca del Castillo de Praga:

Selfie grupal en Praga

Pero leí una noticia este fin de semana que le dio un giro radical a mi percepción. Decía que los millennials buscan sus destinos turísticos según qué tan instagrameables sean, si se verán bien de fondo en una foto para su cuenta en Instagram. Aquel placer del paseante, del flâneur que se perdía por una ciudad para conocerla, es taaaan decimonónico para estos jóvenes: ese placer ya no existe, o sí, en la medida en que se encuentre un cuadro que aguante Instagram, que amerite ser instagrameado. Lentamente se empieza a vivir para la Red, para la realidad virtual. El sueño sería caminar con los lentes de realidad aumentada y ver los bellos momentos que otros han vivido por los lugares que está recorriendo, por ejemplo, y contribuir en tiempo real con las imágenes propias. ¿Quién querría quitarse esos lentes?

Imaginé también que los autos sin conductor proyectarán en sus ventanas viajes virtuales para ir a la oficina: ¿por qué limitarse a ver la tediosa avenida que se recorre para ir al trabajo cuando se puede simular un viaje de aventura por el Gran Cañón para cambiarlo al día siguiente por un recorrido por la Plaza de la Concordia en París y así sucesivamente? Creo que ya hay un ascensor en Nueva York que hace algo parecido: anima con diversos timelines su recorrido, mucho mejor que ver un muro gris.

Lentamente se empieza a vivir más en la realidad virtual, legiones de vidas ansiosas por conectarse desde sus habitaciones a sus redes sociales para ver qué está pasando, la vida en función de qué se va a decir o mostrar en la Red. Los sobrevivientes serán aquellos que no tienen cómo conectarse a las redes (cada vez menos) y aquellos que son capaces de desconectarse de estas y aventurarse por el mundo offline y su capacidad para forjarse una vida que aguante la realidad.

Tiene sabor

La defunción del nonagenario Chuck Berry ha sido acompañada con varios recordatorios merecidos sobre su papel fundacional en la historia del rock & roll. Siguiendo la reflexión sobre la sabrosura mi rockola interior empezó a tocar ese clásico de Abelardo Barroso con la Orquesta Sensación Tiene sabor, un tema de los 40 que no solo por el título es precursor de la salsa y la descarga, un excelente exponente de la sabrosura. Podemos apreciarlo en los múltiples arreglos que ha inspirado, destacándose en especial el de Charlie Palmieri, y que presentamos en la serie Échale salsita.

Empezamos como es costumbre con la versión original de Abelardo Barroso y la Orquesta Sensación:

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