Kimbisia

Me encontré por casualidad con Corazón mestizo de Pedro Juan Gutiérrez, el escritor cubano que tiene bien ganado su título del Henry Miller caribeño, pues con él sucede lo mismo que con los trópicos de Miller y su carácter cíclico que hace pensar al lector que vive en un permanente deja-vu. La novedad fue la breve descripción de la Regla de Palo, uno de los ritos de la santería derivado (si entendí bien) de la Regla Conga que llegó con los esclavos de África. Lo explica así el pintor Mederos:

Las líneas básicas son el Palo Mayombe , que es el principal, y después el Palo Briymba y el Kimbisia, que fue creado por Andrés Petit, en Guanabacoa, y que murió en 1848. Por ahí tengo una biografía de él.

Gracias pues al señor Petit tuvieron el pianista venezolano Víctor Cegarra y el percusionista nuyoricano Bobby Matos la inspiración para este tremendo tema, Kimbisia. De pie, bailadores:

Y de ñapa, otro temazo de inspiración Yoruba:

Los coleccionistas encontrarán en el album Footprints una descripción de la composición de Kimbisia.

Comunicación telepática

Que recuerde en este momento, después de Vénus noire la película más brutal que he visto ha sido The Cove. La semana pasada vi finalmente Blackfish, que denuncia el maltrato de las orcas en Sea World. De niño, como a los 8 o 9 años, fuimos con mi mamá y mi hermana a Miami a visitar Disneyworld y Sea World. A esa edad fue un viaje a otro mundo. A mi edad me sorprendió que el Cholo Simeone invitara de escapada romántica a su novia a Eurodisney, pero ese es otro tema. El espectáculo con las orcas es muy impresionante. Recuerdo que llegamos un poco tarde y ya todas las sillas estaban ocupadas, salvo las de la primera fila. Había una línea amarilla que advertía que era mejor no sentarse en las sillas debajo de esta línea. Como no había más lugar no hice caso y me gané un chapuzón tremendo por parte de una de las orcas, pero hasta eso disfruté. John Hargrove cuenta en Beneath the Surface que después de un paseo similar decidió que quería ser entrenador en Sea World. Su testimonio es uno de los más impactantes en Blackfish. (Sigue leyendo »»)

Algoritmos (1). Secretos de Estado

En la búsqueda de la belleza los algoritmos ocupan un lugar especial. Cuando escuché de la existencia de un revolucionario algoritmo para discernir el conflicto colombiano me lancé a buscarlo. Apenas encontré el informe preliminar del trabajo de Natalia Springer. Luego escuché su defensa del trabajo en una entrevista de radio. Uno de los argumentos para mantener el algoritmo secreto es que utiliza información clasificada como secreto de Estado. Este argumento es sorprendente porque como cualquier programador o desarrollador sabe, el algoritmo se puede revelar independientemente de los datos que utilice. De hecho los algoritmos se prueban con lo que se conoce como dummy data o datos ficticios, los datos reales solo se utilizan (idealmente) cuando el algoritmo entra en producción. Es decir, no se pondría en peligro la vida de nadie al revelar el ya famoso (o infame que diría Borges) algoritmo.

Me sumo a la opinión de quienes concluyen que el informe no aporta nada novedoso. Otro de los argumentos de Springer es que hay que demostrar científicamente el comportamiento criminal de las Farc, si cumple con un patrón que permita afirmar que se cometió un crimen de lesa humanidad continuado. (Sigue leyendo »»)

No con mis impuestos

Vuelve un nuevo episodio de las trampas de la memoria. Me parece recordar que leí esta frase por primera vez en el artículo de un activista estadounidense protestando por la inminente invasión de Irak por allá en 2003. Aunque no me sorprendería que algún inglés la haya pronunciado un par de siglos antes. Me gustó como un acto de rebeldía ciudadana, de recuperación de la dignidad del individuo frente a los abusos del Estado, similar al No en mi nombre. Pero con la discusión sobre el tercer paquete de rescate a Grecia me empezó a fastidiar sobremanera.

Se estima que la mitad de los holandeses andan felices con esta frase para oponerse al paquete de rescate. La escuché en más de un debate televisivo: «no más apoyo al régimen corrupto, clientelista y despilfarrador de los griegos, al menos no con mis impuestos». En realidad no había mucho que debatir: la política internacional neerlandesa se rige por el viento en estas situaciones de crisis. Si todos los países votan a favor, como lo han hecho con Alemania a la cabeza, Holanda no será la voz discordante. (Sigue leyendo »»)