Rock Your Baby

Iba en el auto de A cuando en la radio empezó a sonar el clásico de George McCrae Rock Your Baby. No lo había escuchado desde una fiesta a la que asistí de niño en mi primer viaje a Nueva York con mi familia. Era la noche de navidad y me impresionó mucho que era la primera fiesta de latinos que veía bailando música disco y no la tradicional música navideña que siempre había escuchado hasta esa noche.

La canción me gustó mucho pero no tenía ni idea de cómo se llamaba. Luego se la tarareé a uno de los bailadores pero no reconoció nada. Finalmente fue SoundHound, la app que utilizo para reconocer música, la que me dio el nombre. La he estado disfrutando esta semana. Leí en Wikipedia que la canción no estaba pensada originalmente para McCrae, pero por esas coincidencias felices, él estaba en el estudio, hizo la prueba y a todos les gustó el resultado. Vengo a enterarme también de que es uno de los grandes éxitos de la música disco.

Creo que lo que más me gusta es la virilidad templada de la canción. Un estado de excitación que va in crescendo hasta que llega la declaración de amor:

Woman, take me in your arms
Rock your baby
Woman, take me in your arms
Rock your baby

Obviamente esto no se le canta a cualquier mujer, tiene que ser una que despierte esa excitación y deseo, ese anhelo de viajar juntos, con esos gemidos sostenidos de McCrae que invocan todas las fuerzas de la atracción y se da esa conexión mágica entre los sexos. El encuentro entre hombre y mujer. Algo para celebrar cuando sucede, para tomarse entre brazos y estremecerse. Si los latinos de finales de los setenta me sorprendieron bailando disco, ahora me sorprendo más de no haber visto parejas abrazándose y besándose esta noche mientras bailaban esta canción.

Como siempre que escucho temas así, me pregunto sobre el estado de gracia que vivía el compositor para crearla. Disfrutemos, p e g a d í s i m o s, de una de las últimas versiones en vivo de McCrae, let the loving flow viajeros utópicos:

Karaoke

1.

La primera vez que fui a un karaoke no sabía de qué se trataba. Nos invitó una amiga, M, que había ido un par de veces y nos decía que no podíamos perdérnoslo. Nos pasaron una especie de menú con canciones y una hoja donde anotar nuestra selección. Había varios temas de salsa dura. Pensaba que íbamos a cantar todos, o que había un cantante principal al que acompañaríamos. Escogí varios temas de Lavoe, M me dijo que le parecía buenísima mi selección, le pregunté que si podía agregar más canciones y me respondió que todas las que quisiera. En total escogí 15 canciones. «Con 15 canciones imposible que no te dejen cantar al menos una», dijo M entusiasmada. «¿Que no me dejen cantar al menos una?», pregunté desorientado. «Claro, no sabía que te gustaba cantar tanto, en especial Héctor que es tan difícil de interpretar», me comentó. Ahí intuí cómo funciona el karaoke.

Me levanté de la mesa y le dije que se me habían pasado un par de temas, que iba a ver si podía agregarlos. Fue lo mismo que le dije al maestro de ceremonias, que si me permitía agregar un par de canciones más. Me dio mi hoja y discretamente me fui a tirarla a la basura en el baño. (Sigue leyendo »»)

Summa

En una crónica anterior contaba cómo llegué a la música de Arvo Pärt. La escuché cuando tenía alrededor de 15 o 16 años y me cambió la vida. Cuando digo esta afirmación he recibido caras de sorpresa o que me dicen que estoy exagerando. Pero es verdad y puedo elaborarlo. La literatura le envidia a la música que con unos simples acordes puede hacernos sentir una emoción intensa. Para que una obra literaria logre un efecto similar deben transcurrir muchas páginas. Cuando escuché a Pärt me cambió la vida porque me descubrió todo un universo emocional que no sabía que era posible ya con los primeros acordes. Su música me lleva a sensaciones que no puedo explorar por otro medio. Entro en trance, diría que hacia una experiencia mística.

Después de escucharlo descubrí que algo similar sucede con las personas: hay seres humanos que nos abren horizontes que no sospechábamos que existían, formas de sentir y pensar totalmente nuevas que nos atraen y nos invitan a explorarlas, compartirlas, quererlas. Podría decir que esa experiencia es la que nos lleva al amor, en esa mezcla con el deseo de querer conocer más de esa persona, de compartir más con ella. El efecto contrario es la antipatía, al rechazo de una persona por lo que nos deja ver de sí.

Mi cultivo de la música de Pärt ha sido de fanático absoluto. Colecciono todos los discos que encuentro de él y en múltiples versiones, incluyendo también la biografía musical que escribió Paul Hillier y la edición de lujo de ECM de Tabula rasa para conmemorar los 75 años del Maestro. Fuimos con F a un concierto en el Muziekgebouw aan ‘t IJ en el que se estrenaría una obra de él y la sorpresa es que él se encontraba entre el público. Cuando lo vi casi me desmayo. Me sentí como una de tantas fans histéricas de los Beatles, Bieber o Menudo. F me decía que fuera a saludarlo, pero me parecía excesivo hacerlo, así quisiera darle las gracias por todo lo que me ha dado y hecho sentir y descubrir. Pero fui prudente.

Mi más reciente hallazgo es el álbum del Cello Octet Amsterdam dedicado a Pärt. Según cita el Octeto, cuando el Maestro lo escuchó, dijo: «He descubierto diez años tarde esta joya de grupo». Desde entonces ha escrito obras para el grupo, interpretadas en este CD. Comparto con los lectores utópicos su versión de Summa, una celebración sublime para los amantes de la música de Pärt y del cello, y el enlace para comprar en línea los temas del disco:

 

Deudas herméticas

1.

Llegué al I Ching por una referencia que encontré en un libro de Jung. Luego, para mi sorpresa, la edición que conseguí, la de Richard Wilhelm, traía un prólogo del psicoanalista suizo que me impresionó mucho. Básicamente Jung dialogaba con el I Ching.

Me volví un asiduo del oráculo, tanto que hice años después un programa con monedas virtuales para consultarlo (que he de actualizar pronto, es del año 98), aunque mi método preferido es la lectura con los 50 tallos de milenrama, que es más dispendiosa pero tiene la virtud de que propicia el estado de concentración necesario para escuchar mejor el resultado.

En unas vacaciones de mitad de año trabajé como obrero para mis tías que se dedicaban al diseño de jardines. En los momentos de reposo, en medio de la naturaleza, me asombraba de ver las imágenes del libro a mi alrededor. Sentía que había sido escrito a partir de la experiencia humana, de la lectura sabia de la naturaleza. Recordemos que uno de sus prodigios es que su sistema de Yin y Yang fue el que inspiró a Leibniz para establecer el sistema binario, el mismo que está en la raíz de nuestra era digital: la representación de la realidad en unos y ceros. (Sigue leyendo »»)

Cupido (Utópica style)

Hace poco estuve en un concierto de una nueva banda que interpreta arreglos en su estilo de temas de la música latinoamericana, desde la salsa hasta la tropical. Fue una tremenda sorpresa cuando empezaron con la moña o riff de la salsa, nuestro Smoke on the Water, los acordes de La murga de Panamá del maestro Willie Colón. Obviamente se me erizó la piel, cerré los ojos y dejé escapar ese sonido gutural de placer que nace naturalmente en estos momentos.

Después del concierto tuve la oportunidad de charlar con el trombonista, un joven griego de 28 años. Le conté que admiraba su valentía porque Willie Colón utiliza la misma entrada en sus conciertos recientes pero acompañado por dos trombones más como mínimo. Así de exigente es esa entrada. Empezamos a hablar de otras referencias musicales y le pregunté que si había tocado Eres, de Santiago Cerón, con esos solos de trombón tan exquisitos.

«No –me respondió–. ¿Podemos escucharla en Youtube ahora?». La sintonizamos y quedó fascinado. «Si la bailas enamorado con tu pareja habrá fuegos artificiales esa noche», le dije. Me miró desconcertado. Recordé una entrevista con el cantante de Jarabe de Palo en la que decía que lo increíble y lo que diferenciaba al público latinoamericano del español era que la música en América Latina se siente en las entrañas, «es una cosa visceral», mientras que los españoles viven del éxito del verano que al año siguiente será remplazado por el nuevo.

«Tú como trombonista, si tocas esa canción con el corazón, tendrás un ejército de mujeres lanzándose sobre ti». Me miraba como si le estuviera ofreciendo 70 vírgenes a un yihadista. «¿En dónde es esto?». Le conté que teníamos varias ciudades salseras, Cali la principal, pero también en Barranquilla, Medellín y hasta sectores de Bogotá. «Es de los grandes placeres de la vida, bailar pegado con tu pareja», le remaché. Le puse otros videos de mujeres bailando en Cali y fue como ver el paraíso para él.

Empacó su trombón y anoche nos despedimos con un fuerte abrazo. En estos momentos debe estar cruzando el Atlántico rumbo a Cali. «Muy de malas si no regresas enamorado», le dije, y él partió con ilusión y una sonrisa.

Deseémosle suerte: