Encuentros con Amedeo

De camino al apartamento que alquilamos en París con F., pasamos frente a la que había sido la segunda mejor panadería de toda Francia en 2014. «Mañana vengo aquí a comprar el pan para el desayuno», le dije. Era una caminata de apenas 10 minutos. Ahí estaba a la mañana siguiente: el olor del pan fresco era una delicia, estaba frente a un festín sin duda. Compré tres croissants y una baguette. Al salir me encontré con un hombre joven, alrededor de 28 años, vestido como si estuviera a principios del siglo XX, justo después de la Primera Guerra. Eran apenas las nueve de la mañana y él parecía que ya estaba bebido o iba camino a su casa después de una larga fiesta. Sacó de su maletín un pequeño cuadro para vendérmelo por 20 euros, «una ganga». Era una reproducción del Retrato de una joven con sombrero, de Modigliani.

Entendí que estaba jugando a representar al joven pintor y le comenté en esa línea: «Jeanne es una musa maravillosa, gran cuadro». «¡Ah, veo que me reconoció! ¿Nos conocemos de algún bar en el barrio?». El apartamento estaba en el corazón de Montmartre y apenas podía imaginarme cómo serían estos encuentros de frecuentes en ese tiempo. Le respondí que estaba de paso, que no había tenido la fortuna de conocerlo y que mi Jeanne me estaba esperando para desayunar. «A mí ella, la original, y nuestra recién nacida Jeanne, una bebé preciosa, ¿le gustaría conocerlas?». Le respondí que quizás en otra ocasión. Él miró mi bolsa con los croissants y me dijo: «Me ha caído usted bien: le cambio este cuadro por los croissants». Prácticamente me estaba regalando el cuadro, así fuera una fotocopia. Acepté por el simple placer de llegar con el pan fresco acompañado por un Modigliani y decirle a F.: «Recién se lo acabo de comprar a él en persona». (Sigue leyendo »»)

Deudas herméticas

1.

Llegué al I Ching por una referencia que encontré en un libro de Jung. Luego, para mi sorpresa, la edición que conseguí, la de Richard Wilhelm, traía un prólogo del psicoanalista suizo que me impresionó mucho. Básicamente Jung dialogaba con el I Ching.

Me volví un asiduo del oráculo, tanto que hice años después un programa con monedas virtuales para consultarlo (que he de actualizar pronto, es del año 98), aunque mi método preferido es la lectura con los 50 tallos de milenrama, que es más dispendiosa pero tiene la virtud de que propicia el estado de concentración necesario para escuchar mejor el resultado.

En unas vacaciones de mitad de año trabajé como obrero para mis tías que se dedicaban al diseño de jardines. En los momentos de reposo, en medio de la naturaleza, me asombraba ver las imágenes del libro a mi alrededor. Sentía que había sido escrito a partir de la experiencia humana, de la lectura sabia de la naturaleza. Recordemos que uno de sus prodigios es que su sistema de Yin y Yang fue el que inspiró a Leibniz para establecer el sistema binario, el mismo que está en la raíz de nuestra era digital: la representación de la realidad en unos y ceros. (Sigue leyendo »»)

Lo que dice Justi

Hoy en la serie Échale salsita traemos un tema del gran maestro Justiniano Barreto Blanco, nacido en La Habana en 1923 e ido en Nueva York en 2015, Lo que dice Justi, tema que fue interpretado primero por Arsenio Rodríguez en 1958 y prensado en el álbum Primitivo de 1963. Este álbum contiene 12 temas, 11 compuestos por Arsenio y el tema de Justi. El maestro Wayne Gorbea, fallecido también en 2015, le echó salsa durísima, legándonos un arreglo soberbio en la voz del sonero Frankie Vásquez. Antes de entrar en materia, vale la pena ver esta entrevista con Justi Barreto y su hijo Angelo hablando sobre su tema más conocido: Un verano en Nueva York. Sin cubanos como el maestro Justiniano en Nueva York, olvidémonos de la salsa.

Y entremos en materia. Primero, la versión grabada por Arsenio Rodríguez:

Arsenio Rodriguez Lo que dice justi

Y la sobredosis de salsa durísima con la que lo sazonó Wayne Gorbea, ¡a gozar salsófilos utópicos!

Lo Que Dice Justi Wayne Gorbea

 

El que lo entendió, lo entendió

1.

Me envía G un meme por Facebook en el que aparece Bart Simpson golpeando una cacerola y diciendo Mírenme, soy parte del 1% de la gente que no ve Juego de Tronos. Hace un tiempo vi en su muro que no entendía cómo le podía gustar a la gente El show de Suso. Mi respuesta fue obvia entonces: «G, no veo Juego de Tronos porque donde yo vivo lo dan a la misma hora que El show de Suso», sin necesidad de mencionar que él pertenece al 99% de intelectuales bogotanos que concuerda con su opinión. Por mis raíces paisas me sorprendió su afirmación, para mí es muy fácil sintonizarme con Suso (aunque confieso que siempre me salto sus monólogos), igual que con muchos cuadros de Botero, como también entender que Maluma y J Balvin son la respuesta antioqueña emprendedora a productos comerciales como Enrique Iglesias o Daddy Yankee: «Nosotros también podemos hacer eso» y llenarse de villegas.

Hace poco le leí a una ya célebre doctora en Literatura que el contexto de las obras literarias le importaba muy poco, nada para ser exactos: la obra se contiene a sí misma y todo lo demás a su alrededor es superfluo. Aunque también fue sincera: la verdad es que tiene mala memoria y recordar esos datos históricos le cuesta. Esos datos… a otro joven escritor le escuché que la literatura estaba haciendo el trabajo que no hacían los historiadores: darle vida a los relatos porque ellos se limitan a registrar fechas. Basta cualquier sociólogo de la literatura, leer a cualquier historiador contemporáneo o, para ser más concretos, el ensayo de Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte para comprobar la falacia de ambas opiniones y el ego que se necesita para decirlas sin despeinarse. (Sigue leyendo »»)

Virgie

De paseo por las librerías me encontré con el libro Ik was de vrouw van Escobar. Mijn leven met de gevaarlijkste drugscrimineel ter wereld (Fui la mujer de Escobar. Mi vida con el narcotraficante más peligroso del mundo), de Virginia Vallejo. Al parecer la película dirigida por Fernando León de Aranoa (ganador de varios Goya y con varias películas memorables a su haber) sí llevará el título original del libro (al menos en el afiche en inglés que mostraron en el festival de Cannes este año).

Cuando fue publicado en 2007 en Colombia vi un par de entrevistas con Virginia en Youtube y me parecieron vergonzosas, no tuve ningún interés en leer el libro. Pero ya traducido al neerlandés e inspirando una película con León de Aranoa, Bardem y Penélope Cruz (quien se dio a la tarea de aprender a hablar colombiano como Virginia), parqueé mis prejuicios y cedí a la curiosidad.

Salí tremendamente sorprendido, por decir lo menos, luego de ser atrapado por el ego trip de Virginia, o Virgie, como le dicen sus más cercanos.

Si fuera una novela diría que recuerdo pocas donde aparece un personaje femenino tan fuerte y bien trazado. Pero al ser un ego trip me dejó esa sensación trillada de que la realidad supera a la literatura. (Sigue leyendo »»)