Falcaodependencia: el antídoto

 

Después de ver el gol de Jackson Martínez a lo Falcao contra Japón, me pregunté ayer durante el partido lo mismo que Rafa XIII en equinoXio:

No deja uno de pensar cómo habría sido esta Selección Colombia en Brasil si hubiera estado Radamel Falcao García. Si así no más gana, gusta y a veces golea, ¿qué tal si lo tuviéramos a él?

Vi los amistosos de Colombia contra Holanda y Bélgica y tuve la impresión de que la selección sufría de Falcaodependencia y sin él no habría nada qué hacer. Pékerman tuvo que replantear la estrategia a la carrera y el resultado está siendo maravilloso y sorpresivo para todo el mundo. Aparte de James y Falcao la gente no sabía mayor cosa de Colombia. La necesidad de compensar la ausencia de Falcao le ha dado oportunidad a otros futbolistas y han estado a la altura. Cosa que no sucedió con Uruguay sin Suárez, lo mismo que probablemente les pasaría a Argentina sin Messi o Brasil sin Neymar.

A Colombia todavía le cuesta plantear el partido desde el principio, como que toma su tiempo en despegar y la prensa mundial admira las charlas técnicas de Pékerman en el intermedio: sale una Colombia contundente después de ellas. Los espías brasileros inundarán de micrófonos el camerino colombiano para prevenir la debacle en el segundo tiempo.

No obstante, es inevitable soñar cómo sería esta Colombia con Falcao jugando de centro delantero puro. Ahora sí, a soñar en la playa.

Versatilidad

Esta mañana de verano busqué el programa de flamenco de la Javeriana y me encontré con uno de homenaje a los Carrangueros de Ráquira. Vi el paisaje montañoso de mi amado Monguí, la sensación del musgo de 7 colores húmedo en mis manos, los campesinos con la piel cobriza de cultivar papa bajo el sol y la gran sorpresa de que desde el ascenso hasta la casa más alejada en el camino, Boyacá ha sido tomada por el vallenato. El ascenso con Juan Florencio a la nariz del diablo para mostrarnos la curvatura de la tierra, el paisaje silvestre del páramo reservado para los caminantes que aman la naturaleza. Ya sé que mi primer viaje cuando regrese de visita a Colombia será una caminata Monguí-Laguna de Tota.

 

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Salpicón mundialista, 2

1. Dos golazos en busca de nombre

A la búsqueda del nombre del gol de Bryan Ruiz, se le suma ahora la de los nombres de los dos golazos de James Rodríguez. El primero de zurdazo limpio clasifica de sobra a candidato como mejor gol del mundial. El segundo disputa el triplete campeón del gol de Bryan: 1. Primer gran gol de jugada colectiva con más de 5 pases en lo que va de mundial; 2. James duerme como goleador de Brasil 2014 esta noche; 3. Le quita el maracanazo a Uruguay justo antes de plantarle cara a Brasil: primer aviso. En el noticiero del mundial no dejan de repetir el golazo de James.

2. Uruguay jugó como un tango

Muchos uruguayos afirman que Gardel nació en su país. La mejor Uruguay no deja margen de duda, pero su peor versión tampoco. Hay que recordar esos tangos que le cantan al malevaje, a esa pandilla de los Maxis Pereira, Arévalos y Ramírez, unos defensas de destrucción contratados en una esquina de mala muerte. Que Uruguay le hace la vista gorda a tener esos jugadores en su equipo lo demuestra la defensa al acto caníbal de Luis Suárez. Doloroso ver a jugadores tremendos como Cavani y Forlán buscando furrusca con la defensa colombiana. Aposté a que el partido terminaba 3-1 a favor de Colombia imaginando alguna jugada imparable de Cavani y Forlán: tuvieron su oportunidad pero nada. Dentro de ese ocaso de los dioses que se está convirtiendo Brasil 2014, les llegó el turno a los uruguayos.

3. Al rojo vivo

La canarinha sufrió hasta el último segundo con Chile: el equipo no logra cuajar y Colombia tiene una oportunidad dorada para hacer historia: la progresión del equipo colombiano es desbordante en este momento. Los chilenos jugaron de tal manera que ellos o Brasil eran justos ganadores. Esta noche, el placentero sueño de James como goleador temporal del mundial será la pesadilla de los brasileros.

A celebrar y a bailar que esta noche no da para más:

Taller de ebanistería

Se lamentaba el papá de un amigo graduado en el Gimnasio Moderno de que ya no dieran más clases de ebanistería. “Con lo bien que ayuda a formar el carácter, no como estos niñatos que lo quieren todo a pedir de boca y no se esfuerzan por conseguir nada”. De lo visto hasta ahora en Brasil 2014 me parece que el mejor taller de ebanistería lo tienen los holandeses. Tienen una técnica muy pulida para dominar el balón y ser precisos en la definición con un toque. La calidad media de un taller de ebanistería se refleja cuando se escuchan comentarios de un jugador tales como “es que falló ese gol porque el balón le llegó a su perfil contrario”. Una excusa que jamás se le escuchará a Falcao, por ejemplo.

Me emocioné al ver a Patrick Kluivert en el banquillo de técnicos de Holanda. Un delantero con unos detalles de filigrana excepcionales. Sin duda alguna uno de los mejores cabeceadores de la historia. Esta belleza para ilustrarlo:

El gol de Leroy Fer a Chile es todo un homenaje a esa tradición de los ebanistas holandeses: la suspensión en el aire y la maestría para rematar con un martillazo letal y preciso con la cabeza. Qué técnica impecable.

Sea motivo para recordar a Kluivert y a todos esos maestros de ebanistería que han logrado tallar jugadores así:

Estorninos colombianos: ¡al ataque de nuevo!

1.

Mi Manual de supervivencia para Bogotá tiene varias reglas. Por ejemplo tres de ellas:

  1. Si te van a robar con arma blanca, entrega todo lo que tienes: no llevas contigo nada que no podrás recuperar después;
  2. En caso de accidente, preocúpate primero por las víctimas si las hay y luego en reparar los daños. Si es tu culpa, empieza diciendo “No se preocupe, yo me hago responsable de todos los daños”.
  3. No aceptes los piques de los conductores de buses, ejecutivos y busetas: son más grandes y si te chocan dirán que tienen una familia con 12 hijos que depende de su salario mínimo, “no me denuncie por favor, mis hijos morirán de hambre”.

Son reglas o consejos para prepararse ante eventualidades desagradables o potencialmente traumáticas en la ciudad. Todavía en Ámsterdam, cuando me agacho para ponerle el candado a la bicicleta, pienso que ese es el momento del papayazo para que me la roben. Al viajar al extranjero, un colombiano debe estar preparado para otro tipo de experiencias desagradables. Como que le digan: “¿De Colombia? ¡Cocaína!”. Lo que los comentaristas australianos dijeron es una triste realidad: para muchas personas en el mundo, desafortunadamente es lo primero que asocian cuando escuchan el nombre de nuestro país.

En todo el tiempo que llevo viviendo en Ámsterdam nunca he tenido que pasar por esa experiencia desagradable. Pero sí en otras ciudades de Holanda. En un nuevo trabajo en Bolduque (‘s-Hertogenbosch en neerlandés), para darme la bienvenida en un ambiente relajado a mi jefe se le ocurrió decir a la hora del almuerzo: “Con que vienes de Colombia, Daniel, ¡ahora tendremos cocaína a buen precio!”, seguido por una risotada.

Con los años he ido trabajando, puliendo, perfilando mi Manual de supervivencia en Holanda. En una reacción extrema podría haber empezado una campaña de indignación y discriminación contra mi jefe. Pero sabía que a pesar de todo lo había hecho con buena intención. Mi respuesta fue: Sorry hoor, verkeerde Colombiaan. “Lo siento, colombiano equivocado”. Era mi forma de decirle que sí, hay muchos narcotraficantes en Colombia, pero no soy uno de ellos, como millones de colombianos tampoco. Parte del Manual de supervivencia incluye una cartilla pedagógica sobre cómo informar a las personas sobre la cadena de producción del narcotráfico, que a pesar de lo que se dice Colombia es el eslabón más débil y que los grandes carteles están en EUA y Europa.

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