Amanecí aterrado. The Descendants me pareció malísima y como tantas veces me sucede con los Oscar, no vi de dónde sacó Clooney una nominación a mejor actor. Recordé lo que me decía un amigo en la universidad: es que Oscar hace rato que no va a cine. Lo único que me gustó de la película fue el acompañamiento a un ser querido en su camino a la muerte. Obviamente tuve que pensar en D para concluir que comparando nuestros estilos de vida quizás fallezca yo primero que ella. A lo único que me aferro de que esto no será así es el recibimiento que me dieron tres chamanas en Perú en momentos separados: todas empezaron diciendo: "larga vida". Amanecí aterrado porque esta reflexión sobre la muerte me llevó a recordar tres momentos (y otro que no creo que clasifique pero igual lo voy a contar) en los cuales la vi de cerca. Desde entonces no entiendo a quienes dicen que no le temen a la muerte. Lo aterrador fue darme cuenta de que D siempre ha estado física o espiritualmente presente en esos tres o cuatro momentos. (Sigue leyendo »»)
Hasta la última gota. Retrato de una amistad.
Vendedor de autos
Un buen amigo mío me llama a preguntarme que si puedo acompañarlo a comprar un nuevo auto. Salimos de compras el viernes y nos ayuda que estoy embarazada. Los vendedores de inmediato piensan: "Esta pareja necesita un auto familiar". En el sexto almacén tenemos suerte. Encontramos un Peugeot muy bello y con el deseado techo corredizo. Empiezo a negociar el precio y la última propuesta le parece bien a mi amigo. "Pero —le dice al vendedor de autos— primero quiero discutirlo con mi esposa". Mira la cara de sorpresa del vendedor y haciéndole un gesto con la cabeza señalándome a mí le dice: "Ella no es mi esposa".
El vendedor, en un tono muy afable y lleno de comprensión, le responde: "Apreciado señor, a mí todo me parece muy bien".
INGE KLINKERT
Noche de travesura
Sábado en la mañana. Me asomo por la ventana desde el tercer piso mientras me cepillo los dientes. Abajo en la calle hay un hombre joven muy alegre que camina como si estuviera perdido. Mira hacia arriba a nuestro apartamento y luego al de la vecina. Retrocede un poco y sigue buscando intrigado.
5 minutos más tarde salimos a la calle y él sigue sin encontrar su camino. Chifla hacia arriba de vez en cuando. Una vecina nos dice sonriendo qué es lo que está pasando: "¿Saben ustedes por casualidad en dónde vive Esmé? Este joven salió de su casa a comprar cigarrillos y no se acuerda en qué apartamento vive ella".
Jannes Hartkamp
La piñata revisited
Anna me preguntó emocionada que si abrir una empresa dedicada a hacer piñatas sería una buena idea. Vio la ceremonia de la piñata en la fiesta de los hijos de unos amigos chilenos y le pareció que había descubierto un nicho en el mercado de fiestas infantiles en Holanda. Le conté de los orígenes precolombinos de la tradición y de cómo los mismos sacerdotes la utilizaron como herramienta de evangelización. Recordé una anécdota que hoy pienso que contiene ciertas claves para comprender la política en Iberoamérica.
En una fiesta infantil el momento de la piñata sólo es comparable al canto del cumpleaños, la repartición de la torta, la llegada del mago, las marionetas o los payasos. La piñata despierta la avidez por ser el que más acumula en el menor tiempo posible. Así es, en esta simple descripción de una fiesta infantil ya hay varios elementos reveladores del mundo adulto y sus relaciones políticas. (Sigue leyendo »»)