El Barça como cifra, Messi como clave

Alguna vez, ya harto del tema de la independencia antioqueña, le pregunté a mi abuela materna, paisa hasta la médula, que por qué Antioquia no se separaba de una buena vez y dejaba de molestarnos con ese tema, que si se sentían tan superiores que arrancaran solos su camino y dejaran de aburrir con el tema. Dos veces me habló ella con solemnidad extrema, esta fue una de esas: «Mijito, uno nunca habla mal de sus raíces». He tratado de seguir esa máxima, pero aún me sigue ganando el espíritu crítico. Me gusta mucho ver que siguen siendo parte de Colombia, que le han bajado el tono al nacionalismo, y que en general se reconocen parte de un todo más grande.

También me gusta mucho ver y saber cómo habitantes de todas las regiones del país van haciendo de Bogotá la capital de todos y todas, relegando a los rolos a la minoría que somos en realidad. No hay nada mejor que le haya sucedido a Bogotá: llena de rolos es una ciudad insufrible.

Da grima ver que España no ha sido capaz de consolidar esa imagen de nación para todas sus autonomías. El separatismo catalán, inspirado sobre todo por la creencia de que España nos roba y solos nos iría mejor, refleja ese problema de quienes no han podido integrarse en algo más amplio, que no saben valorar la riqueza cultural española y sentirse parte de ella. (Sigue leyendo »»)

Y el Barça hizo la tierra temblar

1.

48 horas después sigo sin voz. Jamás había gritado un gol con tanta emoción e intensidad, por un instante creí que me iba a desmayar por falta de oxígeno, no podía parar de gritar el gol. Después del 4-0 tan doloroso en París, consecuencia de la falta de coordenadas de Luis Enrique y su radar averiado, no me sentía muy optimista con la remontada. La cifra de Luis Enrique era correcta: se necesitaban 6 goles para compensar el gol como visitante que probablemente anotaría el PSG: ¿6-1? Algunos hablaban de utopía por aquello de hacer posible lo imposible, pero más parecía una quimera.

2.

Utopía es encontrar el técnico que sea capaz de conducir un Ferrari y llevarlo por destinos maravillosos e insospechados, tal como hizo Guardiola con su Barça. Emery clasifica de sobra en esa categoría. Es de esos técnicos, como Sampaoli o Paco Jemez, que nos hacen preguntarnos qué tal serían al frente de un equipo grande. Probablemente Emery no desmeritará su puesto y ganará la liga francesa. Ayer estuvo a punto de alcanzar una nueva cota personal y para su equipo: llevar al PSG por primera vez a octavos de la Champions nada más ni nada menos que derrotando 4-0 al Barça en París.

No tenía para nada fácil el planteamiento del partido: el Barça anunciaba los vientos de guerra con sendas goleadas. A pesar de que sabe cómo jugarle al Barça, las bajas que tenía lo motivaron quizás a optar por la vía conservadora: defender con todo el equipo y confiar en algún contragolpe por algún descuido. Ahí estaba el matador Cavani listo para castigar. (Sigue leyendo »»)

Predicciones y perspectivas (1)

Esta mañana me levanté muy confiado a leer sobre la consagración apoteósica de D10S ayer con un triplete en EUA y me tuve que desayunar con la gota fría de que Messi renuncia a la selección argentina.

Sí, utópico lector, yo también guardé un minuto de silencio, no es fácil asimilar semejante anuncio. De entrada entendí que Argentina perdió, pero para semejante noticia, ¿por una goleada histórica similar a la que se ganó México? No, 0-0 y de nuevo definición de Copa por penalties, con la mala suerte para Argentina de que dos de sus jugadores erraron sus disparos: Messi y Biglia, pero mediáticamente el señalado es Messi.

Es absurda la presión a la que los argentinos someten al mejor jugador de la historia, ¿qué tal esta conclusión a manera de epitafio que aparece hoy en La Nación?

Messi, máximo goleador histórico de la selección argentina (55 goles), disputó los Mundiales de 2006, 2010 y 2014. Campeón sub 20 en 2005 y campeón olímpico en 2008, no logró conseguir títulos con la selección mayor.

Muy convenientemente olvida decir a cuántas finales llevó Messi a su selección.

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Bullet time Messi Style (y la fiesta de los estetas)

Uno de los efectos especiales del cine más recordados es el bullet time en The Matrix:

Bullet Time and The Matrix

Que sería ideal para visualizar el primer gol de Messi ante el Arsenal la semana pasada, pero por esas cosas de los derechos de autor no se puede enlazar el video original, solo un fotograma:

Messi vs Cech

Petr Cech es uno de los mejores porteros del mundo. Tiene unos reflejos extraordinarios que combinados con su estatura lo hacen muy difícil de batir. Además, se nota que estudia a sus oponentes con sumo cuidado de tal manera que logra anticiparse a la jugada más probable que podrían hacer. Esto fue evidente en el partido contra el Barcelona y de ahí la necesidad de examinar con el bullet time el gol de Messi porque sucede a esa velocidad. Los contragolpes generalmente se definen a un toque, sobre todo si se trata del astro argentino. Petr Cech lo sabe y, cuando se produjo el contragolpe letal de la MSN, apenas le llegaba el balón a Messi, Cech se lanzó a detenerlo esperando el puntillazo final. Sin embargo Messi, en una sinapsis cercana a la velocidad de la luz decidió detener el balón en un toque, suficiente para que Cech se desplazara hasta el otro lado de la portería. En la foto lo que vemos es el esfuerzo de Cech por tratar de devolverse, pero para entonces Messi ya tiene la portería libre para rematar a discreción. Un golazo que exige ser visto en bullet time para saborearlo en toda su gloria. (Sigue leyendo »»)

¡Flóper desquiciado!

No todos los caminos llevan a Utópica. Durante varias entradas hemos acompañado a Florentino Pérez en la realización de su proyecto utópico, crear un Real Madrid que enamore. Como seguramente recordarán los lectores fieles de esta bitácora, hemos documentado varios casos de personas que han enloquecido en el camino hacia su propia Utopía. Hoy, como cronista utópico, me temo que he de registrar un caso nuevo. Carlo Ancelotti lo puso de relieve la semana pasada:

Zidane se va a convertir en el quinto entrenador del Real Madrid desde 2009 Recordemos que desde su vuelta a la presidencia, Florentino ha contado con Manuel Pellegrini, José Mourinho, Carlo Ancelotti y Rafa Benítez con anterioridad a la llegada de Zizou. Por ello, Ancelotti levanta la voz y lanza una pregunta: “Todo este abanico de entrenadores lleva a una pregunta de la que es necesario obtener respuesta: ¿De verdad es siempre responsabilidad del entrenador, es siempre éste quien está equivocado?”.

Asistí varios años a sesiones de Raynetics, un método de salud física desarrollado por Raimondo Fornoni. Con él tuve la fortuna de ver en acción a un auténtico maestro. Una mañana de domingo, después de haber dormido poco por exceso de trabajo toda la semana, me levanté con dolor de espalda. Pensé que mejor me quedaba descansando en cama pero también que una sesión de Raynetics podría aliviar el dolor. Raimondo notó mi molestia y sin decirme nada orientó la sesión de Raynetics hacia la espalda. Éramos al menos 20 personas. En ningún momento me hizo sentir privilegiado pero supe que ese día me estaba ayudando. Una hora después salí caminando sin dolor alguno. Fue la mejor lección de la esencia de la enseñanza que he recibido.

Pocas semanas después, Raimondo se fue de vacaciones a su Tirol natal y delegó a Mark sus clases en el gimnasio. Mark era un policía con excelente estado físico. Raimondo probablemente lo escogió por su disciplina y su esmero en seguir sus clases con la mayor dedicación posible. Cuando Mark empezó todos nos concentramos en seguirlo de tal manera que fuera fácil su trabajo de sustituto de Raimondo. Lo que más me sorprendió fue que Mark nunca miró a su alrededor. Estaba enfocado en hacer la rutina perfecta, ser el modelo que nosotros debíamos de reproducir, pero nada más. No tenía el ojo de Raimondo para ver que uno de sus alumnos tenía problemas de espalda y que la clase hoy podría hacer más énfasis en estirarla, por ejemplo.

Me recordó a varios profesores de Los Andes que llegaban con los resúmenes de sus clases guardados en carpetas plásticas para repetirlos año tras año sin que se deterioraran. Uno de ellos en particular se sentía muy orgulloso por su organización. Como Mark, no veía tampoco a sus estudiantes. Se sentía satisfecho con ser el mejor repetidor del conocimiento.

Algún día, cuando yo tenía 26 años, una amiga me preguntó que si no me interesaría dar clases de Ciencia Política en la recién creada facultad de la Javeriana. Yo ya sufría mi particular síndrome de don Quijote, influenciado por El juego de los abalorios, y me sentía incapaz de enseñar algo sin sentir algún grado de sabiduría: ser maestro es más que conocer la materia a la perfección, más que repetir esos apuntes amarillentos guardados con celo en carpetas plásticas. Decliné y creo que hice lo correcto, aunque me habría encantado poner en acción algunos experimentos de enseñanza utópicos. (Sigue leyendo »»)