Y el Barça hizo la tierra temblar

1.

48 horas después sigo sin voz. Jamás había gritado un gol con tanta emoción e intensidad, por un instante creí que me iba a desmayar por falta de oxígeno, no podía parar de gritar el gol. Después del 4-0 tan doloroso en París, consecuencia de la falta de coordenadas de Luis Enrique y su radar averiado, no me sentía muy optimista con la remontada. La cifra de Luis Enrique era correcta: se necesitaban 6 goles para compensar el gol como visitante que probablemente anotaría el PSG: ¿6-1? Algunos hablaban de utopía por aquello de hacer posible lo imposible, pero más parecía una quimera.

2.

Utopía es encontrar el técnico que sea capaz de conducir un Ferrari y llevarlo por destinos maravillosos e insospechados, tal como hizo Guardiola con su Barça. Emery clasifica de sobra en esa categoría. Es de esos técnicos, como Sampaoli o Paco Jemez, que nos hacen preguntarnos qué tal serían al frente de un equipo grande. Probablemente Emery no desmeritará su puesto y ganará la liga francesa. Ayer estuvo a punto de alcanzar una nueva cota personal y para su equipo: llevar al PSG por primera vez a octavos de la Champions nada más ni nada menos que derrotando 4-0 al Barça en París.

No tenía para nada fácil el planteamiento del partido: el Barça anunciaba los vientos de guerra con sendas goleadas. A pesar de que sabe cómo jugarle al Barça, las bajas que tenía lo motivaron quizás a optar por la vía conservadora: defender con todo el equipo y confiar en algún contragolpe por algún descuido. Ahí estaba el matador Cavani listo para castigar. (Sigue leyendo »»)

Predicciones y perspectivas (1)

Esta mañana me levanté muy confiado a leer sobre la consagración apoteósica de D10S ayer con un triplete en EUA y me tuve que desayunar con la gota fría de que Messi renuncia a la selección argentina.

Sí, utópico lector, yo también guardé un minuto de silencio, no es fácil asimilar semejante anuncio. De entrada entendí que Argentina perdió, pero para semejante noticia, ¿por una goleada histórica similar a la que se ganó México? No, 0-0 y de nuevo definición de Copa por penalties, con la mala suerte para Argentina de que dos de sus jugadores erraron sus disparos: Messi y Biglia, pero mediáticamente el señalado es Messi.

Es absurda la presión a la que los argentinos someten al mejor jugador de la historia, ¿qué tal esta conclusión a manera de epitafio que aparece hoy en La Nación?

Messi, máximo goleador histórico de la selección argentina (55 goles), disputó los Mundiales de 2006, 2010 y 2014. Campeón sub 20 en 2005 y campeón olímpico en 2008, no logró conseguir títulos con la selección mayor.

Muy convenientemente olvida decir a cuántas finales llevó Messi a su selección.

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Bullet time Messi Style (y la fiesta de los estetas)

Uno de los efectos especiales del cine más recordados es el bullet time en The Matrix:

Que sería ideal para visualizar el primer gol de Messi ante el Arsenal la semana pasada, pero por esas cosas de los derechos de autor no se puede enlazar el video original, solo un fotograma:

Messi vs Cech

Petr Cech es uno de los mejores porteros del mundo. Tiene unos reflejos extraordinarios que combinados con su estatura lo hacen muy difícil de batir. Además, se nota que estudia a sus oponentes con sumo cuidado de tal manera que logra anticiparse a la jugada más probable que podrían hacer. Esto fue evidente en el partido contra el Barcelona y de ahí la necesidad de examinar con el bullet time el gol de Messi porque sucede a esa velocidad. Los contragolpes generalmente se definen a un toque, sobre todo si se trata del astro argentino. Petr Cech lo sabe y, cuando se produjo el contragolpe letal de la MSN, apenas le llegaba el balón a Messi, Cech se lanzó a detenerlo esperando el puntillazo final. Sin embargo Messi, en una sinapsis cercana a la velocidad de la luz decidió detener el balón en un toque, suficiente para que Cech se desplazara hasta el otro lado de la portería. En la foto lo que vemos es el esfuerzo de Cech por tratar de devolverse, pero para entonces Messi ya tiene la portería libre para rematar a discreción. Un golazo que exige ser visto en bullet time para saborearlo en toda su gloria. (Sigue leyendo »»)

¡Flóper desquiciado!

No todos los caminos llevan a Utópica. Durante varias entradas hemos acompañado a Florentino Pérez en la realización de su proyecto utópico, crear un Real Madrid que enamore. Como seguramente recordarán los lectores fieles de esta bitácora, hemos documentado varios casos de personas que han enloquecido en el camino hacia su propia Utopía. Hoy, como cronista utópico, me temo que he de registrar un caso nuevo. Carlo Ancelotti lo puso de relieve la semana pasada:

Zidane se va a convertir en el quinto entrenador del Real Madrid desde 2009 Recordemos que desde su vuelta a la presidencia, Florentino ha contado con Manuel Pellegrini, José Mourinho, Carlo Ancelotti y Rafa Benítez con anterioridad a la llegada de Zizou. Por ello, Ancelotti levanta la voz y lanza una pregunta: “Todo este abanico de entrenadores lleva a una pregunta de la que es necesario obtener respuesta: ¿De verdad es siempre responsabilidad del entrenador, es siempre éste quien está equivocado?”.

Asistí varios años a sesiones de Raynetics, un método de salud física desarrollado por Raimondo Fornoni. Con él tuve la fortuna de ver en acción a un auténtico maestro. Una mañana de domingo, después de haber dormido poco por exceso de trabajo toda la semana, me levanté con dolor de espalda. Pensé que mejor me quedaba descansando en cama pero también que una sesión de Raynetics podría aliviar el dolor. Raimondo notó mi molestia y sin decirme nada orientó la sesión de Raynetics hacia la espalda. Éramos al menos 20 personas. En ningún momento me hizo sentir privilegiado pero supe que ese día me estaba ayudando. Una hora después salí caminando sin dolor alguno. Fue la mejor lección de la esencia de la enseñanza que he recibido.

Pocas semanas después, Raimondo se fue de vacaciones a su Tirol natal y delegó a Mark sus clases en el gimnasio. Mark era un policía con excelente estado físico. Raimondo probablemente lo escogió por su disciplina y su esmero en seguir sus clases con la mayor dedicación posible. Cuando Mark empezó todos nos concentramos en seguirlo de tal manera que fuera fácil su trabajo de sustituto de Raimondo. Lo que más me sorprendió fue que Mark nunca miró a su alrededor. Estaba enfocado en hacer la rutina perfecta, ser el modelo que nosotros debíamos de reproducir, pero nada más. No tenía el ojo de Raimondo para ver que uno de sus alumnos tenía problemas de espalda y que la clase hoy podría hacer más énfasis en estirarla, por ejemplo.

Me recordó a varios profesores de Los Andes que llegaban con los resúmenes de sus clases guardados en carpetas plásticas para repetirlos año tras año sin que se deterioraran. Uno de ellos en particular se sentía muy orgulloso por su organización. Como Mark, no veía tampoco a sus estudiantes. Se sentía satisfecho con ser el mejor repetidor del conocimiento.

Algún día, cuando yo tenía 26 años, una amiga me preguntó que si no me interesaría dar clases de Ciencia Política en la recién creada facultad de la Javeriana. Yo ya sufría mi particular síndrome de don Quijote, influenciado por El juego de los abalorios, y me sentía incapaz de enseñar algo sin sentir algún grado de sabiduría: ser maestro es más que conocer la materia a la perfección, más que repetir esos apuntes amarillentos guardados con celo en carpetas plásticas. Decliné y creo que hice lo correcto, aunque me habría encantado poner en acción algunos experimentos de enseñanza utópicos. (Sigue leyendo »»)

En las antípodas: good sport vs bad sport

Una de las etiquetas de Twitter que más me simpatizan es #YoViJugarALeoMessi, en especial porque representa el sentido de que se está haciendo historia en tiempo real. No sabemos qué dirán los libros de historia en 20, 30 o 50 años, pero con seguridad en el apartado del fútbol Leo Messi estará ahí, entre los grandes, y tenemos la fortuna de ver cómo se entroniza en la historia junto al Barça, pues como dijo al terminar la final del mundialito de clubes: “esto confirma que somos el mejor equipo del mundo”. Messi tuvo incluso el gesto de deportividad de disculparse, sin necesidad alguna, de anotarle un gol a River Plate. También recibió con gracia ser el segundo mejor jugador del torneo después de Luis Suárez, con una sonrisa que no le vimos cuando pasó a recoger el trofeo en el pasado mundial de Brasil.

Horas después el Real Madrid aparecía ya sin el escudo de club campeón del mundo a enfrentarse con el Rayo Vallecano. Como dirían los españoles, el partido tenía morbo porque como bien lo detectaba Paco Jemez el Madrid está sangrando. Jemez entró al Bernabeu dispuesto a hacer historia, a convertirse en el empalador de Rafa Benítez. A los 15 minutos de juego el partido iba 1-2, alcanzaron a escucharse silbidos y aparecieron pañuelos blancos en las gradas del estadio, hasta que Tito cometió un error de novato que cambió el trascurso del partido por completo. El Rayo terminó jugando con 9 hombres y el Madrid con necesidad de autoafirmación no supo hacer nada mejor que aplastarlo 10-2. Una humillación francamente antideportiva. Hasta la prensa deportiva madrileña así lo destacó: una goleada engañosa. Donde el árbitro no hubiese sido tan estricto con las tarjetas rojas la historia habría sido otra; esto lo sabemos todos.

En su larguísimo documental, Cristiano Ronaldo dice que ganar lo es todo para él. Un pensamiento que comparte Rafa Benítez. Ni sombra de la belleza suprema del deporte, la deportividad, la gracia del carácter para practicar la disciplina sin importar el triunfo o la derrota, para mantener la compostura sin importar el resultado. Es la belleza del gesto de Messi después de anotar su gol contra River Plate, gesto que nunca apareció en los 9 goles que con inferioridad numérica le endosó el Madrid al Rayo. En su rueda de prensa Paco Jemez se cuidó en destacar que los diez goles los podían encajar, lo que no se podía asumir eran las circunstancias extradeportivas (léase, el árbitro) que le hicieron mucho daño a su equipo. Hoy todos somos perdedores, dijo con bastante acierto. Pero hay que tener cierta ética deportiva para comprenderlo así.

Como esta es una bitácora personal quiero compartir dos anécdotas con niños. La primera con S., que me invitó a verlo participar en un torneo de judo donde tenía todas las opciones de ganar muchas medallas; a sus casi ocho años era el mejor entre sus compañeros. No contaba con que su entrenador había decidido darle una lección de humildad ese día y lo inscribió en una categoría superior, donde competiría con niños mayores que él y con un pelín más de experiencia, para que no se sintiera tan sobrado y rey del mambo con sus compañeritos.

Como era de esperarse, S. fue derrotado ronda tras ronda. En un momento dado lo perdí de vista y me puse a buscarlo. Lo encontré sentado detrás de un sofá llorando. Le dije que no había nada malo en perder, que lo había dado todo y que se podía ver su potencial para el deporte, solo que los otros niños tenían más práctica y por eso lo habían derrotado. Me respondió entre lágrimas que lo que él quería ese día era regalarme una medalla de oro y que no la había podido conseguir. Lo abracé muy fuerte y le dije que el mejor regalo que me podía hacer era levantarse y seguir compitiendo. Le pedí que me mirara a los ojos y le repetí: “De verdad”. Salió corriendo a competir de nuevo, y aunque volvió a perder, al final de la tarde se sentía muy orgulloso de que siempre se había levantado. Me quedé sin la medalla de oro, pero me regaló algo mucho más hermoso ese día.

La otra anécdota es con mi sobrinita. Desesperada por haber perdido varias rondas de juego conmigo se puso a llorar: “Es que tú siempre ganas”. Le dije que si había algo más bello que ganar era saber perder, que se necesitaba mucha fuerza interior para extenderle la mano al oponente y decirle con una sonrisa: “Felicitaciones, muy bien ganado”. De nuevo apareció la magia con los niños: había descubierto un terreno en el que podía ganar siempre, en el de asumir con gracia la derrota. Ahora extiende con una sonrisa la mano hacia su oponente y le dice: “Felicitaciones, muy bien ganado”. Tanto que me temo que le va a perder el gusto a ganar. Tuve que decirle que también había mucha fuerza interior en saber ganar sin sentirse más que el rival, entonces ahora gana por partida doble.

Una de las mejores anécdotas del mundial de rugby pasado en Inglaterra fue la solicitud del equipo de Uruguay de que se celebrara el tercer tiempo. Jugué durante muchos años baloncesto en mi barrio de juventud y nunca celebramos un tercer tiempo; siempre jugamos hasta quedar exhaustos y después cada uno se iba para su casa. Solo cuando nos reunimos a jugar una versión improvisada de Ultimate con amigos y amigas celebrábamos el tercer tiempo, que era una fiesta total porque no importaba quién había perdido o ganado, lo importante era que nos habíamos divertido. El tercer tiempo entre Gales y Uruguay en el mundial pasado es una bellísima crónica utópica, de esas que crean recuerdos memorables en el corazón de las personas y que tan lejos están de un 10-2 jugando 12 contra 9. Los uruguayos perdieron todos sus partidos por goleada, pero nadie les quitó la sonrisa en el tercer tiempo. Al final, el problema es qué se entiende por ganar.