Un gol en búsqueda de nombre

Antes de viajar a Grecia me preguntó mi sobrinita: "¿Quiénes son los griegos? ¿qué hacen?". Creo que fueron preguntas similares las que motivaron a Jostein Gaarder a escribir El mundo de Sofía. Dentro de mis limitaciones narrativas le respondí: “Imagínate que estás en una isla desconocida. De pronto viene corriendo hacia ti un animal que nunca has visto antes, un caballo, y no sabes su nombre. ¿Cómo lo llamarías?”. Me miró sorprendida y me respondió: “No sé”. “Pues esa fue la pregunta que respondieron los griegos: le dieron nombre a casi todo”. “¿A las personas también?”. “También. A una mujer que traía la gracia, la alegría y disfrutaba del baile la llamaron Efrosini. Tú también podrías llamarte Efrosini”, le dije y ella empezó a imaginar cómo sería su vida si se llamara como una de las Tres Gracias.

Con su gol Bryan Ruiz nos ha retraído a ese griego primigenio. Los ingleses llaman Hat-Trick cuando un jugador anota tres goles en un partido (triplete); Poker, cuatro. Pero ¿cómo llamar el gol de Bryan Ruiz? Lo que está haciendo Costa Rica marca todo un hito desconocido en la historia del fútbol: un equipo sin Copa del Mundo se impone en la fase de grupos a tres excampeones mundiales alineados con varios de los mejores jugadores del planeta. Con su gol Ruiz marcó la derrota de Italia, la eliminación de Inglaterra y pone en escena un duelo a muerte entre Italia y Uruguay, pues solo un excampeón podrá acompañar a los Ticos en la siguiente ronda. En el grupo de la muerte la guadaña la traía Costa Rica. Esta es toda una nueva dimensión del triplete. ¿Cómo se llama entonces el gol de Bryan Ruiz?

Salpicón mundialista

 

1. Deportividad

Cuenta Rafael Nadal en su biografía que antes de aceptar entrenarlo, su tío Toni le mostró varios videos de John McEnroe con sus famosas rabietas y le dijo: “Acepto entrenarte, pero el día que rompas una raqueta en la cancha, terminamos”. Nadal ha sido desde siempre un poema a la deportividad: siempre respeta al rival, reconoce sus puntos fuertes y débiles, los suyos propios y se ha consagrado a la ética de dar siempre lo mejor de sí. Para quienes apoyamos este estilo de juego (y forma de vida en últimas) fue dolorosa su derrota contra Söderling en Roland Garros, un personaje arrogante y antideportivo.

Del 3-0 de Colombia sobre Grecia me quedo con la victoria pero sobre todo con el gesto de Samaras al levantarse en el área chica colombiana y señalarle al árbitro que no era pena máxima, aún perdiendo 1-0. La deportividad está ligada a la belleza, y para los utópicos buscadores de la belleza ese gesto de Samaras vale un partido.

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Experiencias interculturales: un poeta

La última vez que hablé con mi amiga Annemarie, hace un par de meses, me dijo que estaba muy decepcionada con el mundo del baile latino. “Creí que se flirteaba más que en el flamenco, pero qué va, los hombres bailan conmigo y ni siquiera preguntan mi nombre”. Le dije que para la mayoría de la gente acá bailar salsa era una especie de deporte, no una actividad para conquistarse entre hombres y mujeres.

Nos encontramos por casualidad hoy en el almuerzo y me contó que estaba feliz porque estaba en pleno romance de verano con un colombiano, Alberto. “Además es todo un poeta. El problema es que tiene que regresar a Colombia y no sabemos qué va a pasar con esta distancia. Pero como él mismo me dijo la otra noche, no habrá una barrera en el mundo que nuestro amor profundo no pueda romper. Qué lindo, ¿verdad? Qué alma sensible tiene”. “Es poeta y tiene madera de cantante además, esa frase es de bolero”, le dije.

Annemarie seguía emocionada:

—No he conocido otro hombre tan romántico. Me llamó el otro día por la mañana para decirme que había soñado conmigo, soñaba que me besaba y que en mis brazos dormía.

—¡Ay cosita linda!

—¡Eso mismo dijo! ¿Cómo lo sabes? ¿Todos los colombianos son así de sensibles?

—No lo sé, pero es una expresión relativamente conocida.

—Tengo que ir a Colombia, qué tierra de poetas. Alberto me tomó de la mano el otro día y me dijo que me quería, que era su único anhelo, que era su bombón de chocolate. Bueno, la verdad me hizo reír un poco con eso del bombón de chocolate, pero son las cosas de la poesía, a veces sale bien, otras no tanto.

—Además ten en cuenta que estaba improvisando.

—Exacto, y es así de espontáneo para todo, tiene una creatividad increíble.

Por esas cosas de la naturaleza femenina, si le dijera a Annemarie que Alberto le está cantando grandes éxitos del bolero, el porro y la salsa pensaría que me siento envidioso de él. Aunque debo reconocerle que sí le envidio un pelín ese descaro para recitarle canciones y aguantarse la risa mientras lo hace.

—Te dejo porque esta noche juega Colombia y quiero prepararle una cena sorpresa.

—Muy afortunado. Ojalá gane Colombia, verás cómo se emociona con cada gol.

—Siiiiiiii, contra Grecia fue así, decía cosas rarísimas, como “¡¡¡¡goooool juego de ruta!!!". ¿Eso qué significa?

—Que la clasificación está encarrilada —. Eso de ser el ejecutor del amor no va conmigo. —Ahora sí vas a aprender muy bien colombiano, ¿cómo vas con las clases de español?

—Mal, qué vergüenza, tuve que suspenderlas, pero cada vez entiendo un poquito más.

—Excelente, anímate a seguir aprendiendo.

Nos despedimos, me alegré de verla tan emocionada así solo suspirara una vez más el verso del gran Willie Colón, las palabras son de aire y van al aire. Y estar atento a su caída, cuando le cante Nosotros:

The Man, 17. Carles Puyol, un hombre en quien construir

Carlos Fuentes decía que el trabajo del escritor es idéntico al de los holandeses con el mar: hay que construirse un espacio propio, ganarle unos pocos metros de tierra al mar. Con esta experiencia los holandeses han creado un dicho muy hermoso para referirse a otra persona: “Es alguien sobre quien se puede construir”.

El Barça tuvo un año desastroso precisamente porque le faltó ese pilar sobre el cual construyó sus años más gloriosos: Carles Puyol. La debacle se culminó con la lesión de otro pilar importante, Víctor Valdés, para dejarle la portería a Pinto, un arquero no apto para cardiacos. Bastaba con que el Real Madrid recuperara el balón en el mediocampo para que todo el Barça temblase –y no sin razón.

Ayer España fue eliminada de Brasil 2014 por un aguerrido y valiente Chile que terminó por derrumbar la obra española de los últimos seis años. Sin Puyol la defensa española hizo agua –como la del Barça– y el mediocampo y los delanteros no tuvieron esa garantía al fondo que los empuja a ser más valientes al ataque.

La tarea de Del Bosque o de quienquiera que sea el próximo entrenador de España no es nada fácil: tiene que encontrar a ese hombre en quien construir y como lo demuestra ahora mismo el mercado, como Puyol no hay ninguno. Qué triste homenaje a un gran central.

Planeación urbana: una cebra menos

Recién llegado a Holanda una de las primeras charlas que tuve que me impresionaron fue con un asesor de Schelto Patijn, entonces alcalde de Amsterdam y mascota oficial del festival de la comunidad LGBT de la ciudad. El asesor estaba encargado de evaluar el escenario en el cual el tráfico de trenes de la Estación Central podría ser desviado a la Estación Sur: ¿qué pasaría? “Es una posibilidad para el 2010”, me dijo. Era 1998. Un shock gratificante para cualquier cronista utópico. Eso es tomarse en serio la planeación y desarrollo de una ciudad.

Recordé esa charla por una noticia puntual que leí en el periódico ayer: “Desaparece la irritante cebra anterior al Damrak y el Hotel Victoria”. El Damrak es la calle que lleva desde la Estación Central a la plaza principal de la ciudad, la Dam. Es la más costosa: diariamente circulan por ella miles de turistas de más de 150 nacionalidades dispuestos a comprar cualquier chuchería o comer en el primer restaurante que encuentren. Circular por ella sigue siendo uno de mis placeres culpables.

La cebra desaparecerá esta noche porque un grupo de expertos de la Alcaldía concluyó, después de revisar horas de circulación en videocámara, que “no es del todo claro quién tiene la vía”, si los peatones o los ciclistas. La confusión se explica porque es la única esquina que tiene cebra y semáforo peatonal: un peatón desprevenido puede entender que la cebra le da prelación al atravesar la ciclovía, omitiendo que el semáforo está en rojo. Esto ha dado origen a muchos altercados entre peatones y ciclistas. He visto también el caso contrario: peatones que no confían o no están acostumbrados a una cebra y se detienen ante las bicicletas aún teniendo el semáforo en verde. “Es mejor que desaparezca la cebra para acabar con esa incertidumbre”, continúan los expertos. «Así podremos evitar también molestos incidentes».

A veces pienso que la utopía puede ser un lujo. Tener un equipo de expertos que se preocupe por el tráfico entre peatones y ciclistas es una prueba de ello. Pero también es cuando recuerdo que la utopía es sinónimo de “así deberían de funcionar las cosas”. La cebra podría volver: los expertos terminan su informe diciendo que evaluarán la circulación durante los próximos tres meses y entonces tomarán una decisión final. Es bello contar cómo se cuida el bienestar en una ciudad.