The Man, 14. Paco por siempre

Paco de LucíaDe mis momentos inolvidables preferidos destaco sobre todo aquellos que abren puertas, que son como epifanías. Como la lectura del primer párrafo de La metamorfosis, de Kafka, el universo que abre en un acto de magia. O Entre dos aguas, del maestro Paco de Lucía, que escuché cuando tenía alrededor de 14 años y me abrió el universo del flamenco nuevo.

A partir de ese momento empecé a interesarme en el flamenco, a amar el cante jondo, con la misma pasión con la que la shakuhachi, el koto, los ninjas y samurais me llevaron a descubrir la cultura antigua japonesa.

He asistido cuatro veces al festival de flamenco de Jerez de la Frontera y una a la Bienal de Sevilla. De mi última visita a Jerez recuerdo sobre todo la cantidad de japonesas aprendiendo el baile. Luego me enteré de la fiebre por el flamenco en Japón, donde hay más de 600 escuelas de flamenco. ¿Cuál es ese vaso comunicante entre Japón y Andalucía?

Probablemente la emoción profunda que transmite la música. Es increíble escuchar a japoneses tocando con duende, pero quizás por su tradición milenaria sus corazones estaban preparados para recibir el flamenco.

Paco desató una revolución que congregó a muchos nuevos seguidores, sobre todo a músicos que se lanzaron a descubrir las posibilidades del nuevo mundo. De paso por Algeciras, la ciudad donde nació Paco, sorprende su tradición. La misma que cultivaba Paco en sus primeros años como músico. Por esos misterios insondables de la creatividad dio con Entre dos aguas y la milenaria Andalucía empezó a sonar diferente. Los atardeceres en Cádiz o Almería, en Granada o en el Cabo de Gata, son otra historia con el sonido del nuevo flamenco.

Vivo horas felices escuchándolo, sintiéndolo, visualizando la luz andaluz, el ambiente, la gente. La revolución de Paco fundó una nueva Andalucía, que es la que yo llamo mi patria espiritual. Esto, ni más ni menos, es lo que le debo a Paco. Descanse en paz, Maestro.

The Man, 13. Un hombre positivo

Lance Armstrong, un hombre positivoDesazón. Estómago adolorido. Mis síntomas luego de leer el informe completo de la USADA sobre el dopaje en el equipo US Postal Service (USPS) y el papel de Lance Armstrong en él. El informe empieza con una frase demoledora y que acompaña todos los reportajes que mencionan el caso:

Today, we are sending the ‘Reasoned Decision’ in the Lance Armstrong case and supporting information to the Union Cycliste International (UCI), the World Anti-Doping Agency (WADA), and the World Triathlon Corporation (WTC). The evidence shows beyond any doubt that the US Postal Service Pro Cycling Team ran the most sophisticated, professionalized and successful doping program that sport has ever seen.

Cabe destacar que el informe se concentra en todo el equipo USPS y no en Lance Armstrong en particular. Respetando sus límites (la jurisdicción estadounidense), el informe no va ni puede ir más allá de sugerir el sistema global del que el USPS hacía parte: el mundo del ciclismo deportivo profesional. Esta tarea se la deja a la UCI (reservas incluidas). El otro punto clave del informe es su motivación:

Our mission is to protect clean athletes by preserving the integrity of competition not only for today’s athletes but also the athletes of tomorrow. We have heard from many athletes who have faced an unfair dilemma — dope, or don’t compete at the highest levels of the sport. Many of them abandoned their dreams and left sport because they refused to endanger their health and participate in doping. That is a tragic choice no athlete should have to make.

Ningún deportista… ni ningún ciudadano. Recuerdo lo que me decía una compañera de universidad para justificar que Ernesto Samper Pizano había financiado su campaña con dineros del narcotráfico: "Todos lo han hecho". En otras palabras, dope or don't compete. O el caso de otros compañeros involucrados en lavados de activos, subcontratos, subfacturaciones, mordidas, etc.: dope or don't compete. Es todo un rito de iniciación, como lo revelaron los atletas que confesaron haberse dopado: "crucé esa línea que juré que jamás cruzaría: doparme". Se necesita tener suerte y coraje para abrirse un camino laboral en medio de todo ese dopaje. En la sociedad aún es posible, en el ciclismo, con el sistema totalmente llevado, imposible. (Sigue leyendo »»)

The Man, 12. Utopía de la justicia divina

Muchas de las personas que opinan sobre el Caso Colmenares insisten en que al final se impondrá la justicia divina, o que la familia Colmenares debe confiar en la justicia divina, "que esta sí funciona". Nunca he entendido la pregunta: "si un árbol cae en un bosque y no hay nadie escuchándolo, ¿hará ruido al caer?": obvio que sí, el ruido no depende del oyente-observador. "¿Cómo puede estar seguro si no había nadie de testigo, si nadie lo oyó?", es la contrapregunta juguetona. Pero si se comete una masacre de musulmanes en la Antárdida y no hay más testigos que los ejecutores, ¿Dios los castigará a ellos? (Sigue leyendo »»)

The Man, 11. Utopías que matan

Llevo mucho posponiendo esta entrada pero por rigor con mi oficio de cronista utópico no puedo dilatarla más: se trata de un nuevo capítulo del libro Utopías que matan.

En el viaje al lugar de La Mancha hicimos una parada estratégica con D. en Madrid para entrevistarnos con el psiquiatra que estaba organizando un simposio de psiquiatría en Sevilla ese año. Nuestra tarea era averiguar, entre los psiquiatras participantes, si habían tenido contacto con pacientes que les permitieran hablar del síndrome de Don Quijote, de personas que hubiesen experimentado una profunda transformación en sus vidas luego de leer un libro (o ver una película también), de tal manera que su percepción de la realidad se alterase, y de pacientes que luego de pasar por este síndrome hubiesen logrado superarlo, como hace al final Alonso Quijano. El esfuerzo parece que no cayó en terreno árido, pues ya se presentó oficialmente el concepto en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas. Para los cronistas utópicos, el Síndrome de don Quijote abarca también la persecución de utopías letales (aquellas que pueden llevar a la muerte propia o de otras personas).

Anders Behring Breivik es el caso más reciente reconocido de síndrome de don Quijote. Las fuentes de su utopía (una Noruega sin musulmanes ni multiculturalismo; su etnia pura y bien conservada) son múltiples, un amplio espectro que va de Wikipedia a Geert Wilders, el líder de la ultraderecha holandesa.

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The Man, 10, o el nacimiento de la utopía

Qué título más potente. Me imagino a Nietzsche escribiendo el título de su primer libro El nacimiento de la tragedia y pienso que tiene que haberse levantado con mucha energía cada mañana a trabajar en él. Un libro magnífico además. El nacimiento de la utopía es, como cabría de esperarse en esta bitácora, un libro utópico. Tiene además la fuerza de inspirar fácilmente 500 páginas para apenas acariciar la superficie de tan magno evento. Porque la utopía estaba ya presente en el mismísimo Big-bang. ¿Algo más utópico que un universo en expansión a partir de una explosión? No es que esté convencido de la teoría del Big-bang, me parece que aún cumple con el papel pacificador de los dioses ante el temor constante de los seres humanos con la incertidumbre.

Una de las tareas de esta bitácora utópica es registrar las manifestaciones de la utopía, en especial, el pensamiento utópico. ¿Dónde surge? ¿qué lo inspira? ¿cuál es su motivación? etc. etc. etc. Hoy recordé a un prohombre utópico, a un profeta del caos cuyo lugar en la historia reciente colombiana no ha sido bien reconocido. Los lectores más perspicaces ya deben saber a quién me refiero. Empecemos con una poesía que le dedícó su viuda, porque así es, un prohombre que se respete merece al menos un poema de su viuda:

Te amo en la creación de Dios

Te amo en tu forma de ser

y aun en mi soledad.

13 de septiembre del 2010, cinco años después de tu partida, Amparo. (Sigue leyendo »»)